
La mayoría de los que prueban la experiencia repite: «Yo fui la que le pedí a mi madre que me apuntara otra vez», afirma Miriam Pier, de diez años. Este es su tercer verano en el polideportivo. Lo que más les cuesta es madrugar y lo que prefieren, según aseguran todos, es la piscina. «Yo, aunque haga malo, me atrevo a bañarme, y eso que ayer el agua estaba como un cubito de hielo», explica Leire Ruiz, también de diez años, y que está aquí por segunda vez. Otros como Jorge Prieto, de seis años, salen tiritando de la piscina corriendo para envolverse en la toalla. Él se ha apuntado por su hermana: «Ella ya llevaba mucho tiempo viniendo y yo también quería», comenta.
Para coordinar a tanto niño está Aitziber Ibáñez que se ocupa desde hace siete años de esta tarea. Ella es la encargada de seleccionar a los veinte monitores que dirigen las actividades. Todos tienen algún tipo de titulación relacionada con la infancia o con el deporte: Magisterio, Educación Física, monitor de baloncesto... Cada uno se encarga de un grupo de catorce chavales y a lo largo de la mañana van rotando en los juegos. A Iñaki Lazpita, monitor en este centro por primera vez, le toca ser profesor de tenis, de natación, de herri kirolak e, incluso, de aerobic. «Buscaba una experiencia nueva y no pasarme otro verano de fiesta en fiesta». No se arrepiente: «En vacaciones los niños se lo toman todo a cachondeo, pero nos lo pasamos muy bien», apunta.









