
«Lo ideal habría sido crear un túnel falso en esta zona, pero han buscado la solución más rápida y la más barata», se lamenta Xabier Ander Aldai, propietario de una de las casas más próximas al corredor del Cadagua. Desde la inauguración de la variante, hace tres meses, los residentes en la zona sufren las incomodidades que supone la cercanía del trazado, cuyas características lo hacen más molesto que la N-636 en cuestiones de ruido. De hecho, los vehículos circulan por el corredor a mayor velocidad -120 kilómetros por hora-. Además, se trata de un tramo ascendente. «Estoy pensando en coger la baja por estrés», afirma el afectado.
Aldai ha hecho llegar sus quejas en varias ocasiones a Interbiak -empresa foral responsable del vial-, algunas incluso antes de la apertura de la carretera. En sus escritos solicitaba un estudio para la instalación de las barreras sonoras. Según explica, la entidad le confirmó en septiembre de 2005 que ya había trasladado su propuesta a la oficina técnica, con intención de adoptar «medidas de protección acústica e integración paisajística» en la carretera y su entorno. Sin embargo, a día de hoy, la zona de Lasao carece de mamparas.
«Como en todos los grandes proyectos, aquí ha habido muchas modificaciones de obra», afirma Jokin Salaberri, otro vecino de Alonsotegi afectado por la variante. En su opinión, los constructores contaban con que parte de la montaña actuara de muro natural para contener el ruido. Sin embargo, «fallos» en la ejecución de las voladuras eliminaron esa posibilidad. Por este motivo, han solicitado el proyecto de obra a Interbiak. «Se lo hemos pedido cinco o seis veces y nos contestan que ya nos lo han enviado, pero eso no es cierto», protesta. «Todo este asunto se ha tratado con demasiado oscurantismo», añade.
Daños en viviendas
Esta no es la única denuncia relacionada con Interbiak que ha partido de Salaberri. Su edificio sufrió algunos destrozos como consecuencia de las voladuras realizadas para construir la variante. La comunidad de vecinos se puso en contacto con la sociedad foral, y ésta corrió asumió las reparaciones. Sin embargo, según los vecinos, los arreglos se produjeron «de forma inadecuada», por lo que acordaron el pago de una indemnización que tendría efecto una vez finalizadas las obras en el tramo de Alonsotegi.
Meses después de aquellas negociaciones, los propietarios afectados todavía no han cobrado. Además, se ven obligados a «lidiar con un teléfono '902' en el que cada vez que llamas hay un operador diferente que no sabe de qué le estás hablando», critican. En estas condiciones, los vecinos instan a la empresa foral a que cumpla lo prometido.










