También hay quien se adelanta a los problemas. Como Ángel Benta, que espera con el vehículo en doble fila mientras su padre acompaña a su madre a la cita con el médico. Como él, decenas de conductores hacen lo mismo, lo que complica el tráfico por las, ya de por sí, estrechas callejuelas del recinto, en las que son frecuentes los golpes de chapa.
Cuando uno logra aparcar -«no siempre se consigue», advierten los usuarios-, el recorrido a pie de los 200 metros que separan la zona subterránea del parking de la entrada al hospital de Galdakao, supone escuchar un rosario de preguntas, pero siempre con la misma intención: «¿Sales?», «¿Te vas?», «¿Vas a marchar?», cuestionan los conductores.










