Está visto que la carrera de los 'carajos' no tiene fin. Ya no recuerdo cuál fue el primero que se expuso a la contemplación del paisanaje, ni cuánto costó, pero al menos podemos decir cuál será el último (o uno de los tres últimos) y por supuesto su precio, que como habrán leído ustedes no resulta nada barato.
En nuestro común periódico se publicaba hace unos cuantos días la noticia de tres nuevas esculturas que se han comprado para ser colocadas en Abandoibarra por las cuales se han pagado 1,35 millones de euros, que vienen a salir a unos 75 millones de pesetas cada obra. Una de ellas me gustó y creo que justifica ese precio, porque son siete ágiles figuras de personas corriendo y agarradas por las manos, jugando a eso que se llama la cadetena. Es un conjunto bonito y ornamental, que por supuesto no incluyo en la nómina de los 'carajos'.
La segunda escultura ya podemos catalogarla entre Pinto y Valdemoro. Tiene también su parte de trabajo porque viene a ser como una especie de libro abierto y puesto de pie, con sus hojas atravesadas por un hierro que tiene a su vez otros dos hierros transversales y recuerda en parte el ancla de un barco. No deja de tener su trabajo, aunque puede considerarse como 'carajo' por su simbología-jeroglífico.
En cambio, la tercera de las esculturas compradas por la entidad Bilbao-Ría 2000 ni siquiera merece el calificativo de 'carajo'. Ni tiene simbología, ni tiene apenas trabajo, ya que se trata de seis barras metálicas empalmadas unas con otras vertical y transversalmente. Eso que en términos coloquiales se suele calificar como un adefesio.
Pero lo más asombroso de esta chorrada metálica, que ni siquiera tiene título (lo cual no me extraña), es que se hayan pagado por ella tantos millones de pesetas. Eso es algo que sobrepasa ampliamente la capacidad de comprensión de los espectadores ceporretes, entre los cuales por supuesto me incluyo. Quizá todo sea debido a que nuestras pobres mentes anquilosadas no sean capaces de entender la arcana sismología de la escultura vanguardista.
Si es así, hagan ustedes cuenta de que no he dicho nada y extasíense admirando los siete hierros empalmados. Cada cual tiene sus gustos.









