
Le llevó al desfile de pasos con la esperanza de imbuirle la pasión que ella experimentaba al ver las procesiones. Pero no lo logró. El crío se soltó de su mano y echó a correr calle abajo, tembloroso de haber visto aquellos hombres sin rostro y con cucuruchos en la cabeza, que se le parecían más a un fantasma que a una persona. Ya en casa, la mujer no se dio por vencida y decidió mostrarle a su nieto que más que miedo, debía tenerles respeto.
Y lo hizo de la forma en que los niños aprenden: dibujándoles la realidad a su escala. «Me hizo una procesión en cartulina. ¿Tenía hasta sus cofrades y todo!», recuerda el bilbaíno. Dos años más tarde, en julio, su abuela falleció. Se quedó con las ganas de ver al pequeño estrenarse como nazareno. De la mano de su tío y, cómo no, en la Vera Cruz. Fue en 1960. Después, un fraile del colegio donde estudiaba -el Santiago Apóstol, hoy La Salle-, le animó a que participara en los actos de la mano de la Hermandad de la que llevaba el nombre el centro, y hasta hoy.
«Cuando pienso en los años que hace...», suspira. Es el cofrade más veterano y le tratan como una institución. Lleva 45 años echando una mano en lo que puede. Antes salía siempre, hasta que se casó con Loli. Pero la devoción se lleva por dentro. Ahora, apenas sale en las procesiones. Sin embargo, colecciona «pasos en miniatura» que miden de «seis a quince centímetros». Y que son, a la vez, un pequeño homenaje a su abuela, por haberle acercado la pasión de Cristo cuando era crío. En la actualidad, tiene las piezas suficientes para montar una procesión de «nueve cofradías de quince centímetros» (incluidos sus integrantes), y otro 'minidesfile' con cuatro hermandades más «de nueve», explica. Se trata de réplicas en miniatura que compra y él mismo decora: «Algunas son figuras en blanco que tengo que pintar y vestir».
Al detalle
En esta labor le ayuda también su mujer, sobre todo «con los encajes». Porque a sus cofrades y representaciones no les falta detalle. De hecho, tiene «una Virgen y un San Juan con la misma cara y lo único que les diferencia es la barba» que le puso al apóstol. Pero «sin bigote, para que parezca joven», apunta.
Sáenz de Santamaría es un hombre detallista. Y trabajador. Además de hacerlo fuera de casa, lo hace dentro: «Estoy preparando nueve pasos más de los grandes que estarán listos para la próxima Semana Santa». Entonces, con ayuda de su Hermandad buscará un buen lugar para exponer su trabajo, en el que también incluirá la tercera procesión, la de seis centímetros. No hay duda: es un hombre de gran pulso.










