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JOSÉ LUIS SÁENZ DE SANTAMARÍA
«Tengo cofradías en miniatura de hasta seis centímetros»
Este bilbaíno colecciona pasos, que pinta y decora con ayuda de su mujer como homenaje a su abuela
09.07.07 -
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«Tengo cofradías en miniatura de hasta seis centímetros»
ENTREGADO. El año que viene organizará una exposición con su trabajo. / BORJA AGUDO
Un capirote es un sombrero que tiene algo de siniestro. Sobre todo, si quien lo mira todavía teme a los monstruos que se esconden debajo de la cama. José Luis Sáenz de Santamaría confiesa que la primera vez que vio uno, salió «corriendo». Tenía apenas cinco años y fue «en la plaza Moyua», en Bilbao, durante la Semana Santa de 1955. Su tío era cofrade de la Vera Cruz, y su abuela, «doña Juana Gamboa», estaba entusiasmada con que el pequeño participara de la fiesta.

Le llevó al desfile de pasos con la esperanza de imbuirle la pasión que ella experimentaba al ver las procesiones. Pero no lo logró. El crío se soltó de su mano y echó a correr calle abajo, tembloroso de haber visto aquellos hombres sin rostro y con cucuruchos en la cabeza, que se le parecían más a un fantasma que a una persona. Ya en casa, la mujer no se dio por vencida y decidió mostrarle a su nieto que más que miedo, debía tenerles respeto.

Y lo hizo de la forma en que los niños aprenden: dibujándoles la realidad a su escala. «Me hizo una procesión en cartulina. ¿Tenía hasta sus cofrades y todo!», recuerda el bilbaíno. Dos años más tarde, en julio, su abuela falleció. Se quedó con las ganas de ver al pequeño estrenarse como nazareno. De la mano de su tío y, cómo no, en la Vera Cruz. Fue en 1960. Después, un fraile del colegio donde estudiaba -el Santiago Apóstol, hoy La Salle-, le animó a que participara en los actos de la mano de la Hermandad de la que llevaba el nombre el centro, y hasta hoy.

«Cuando pienso en los años que hace...», suspira. Es el cofrade más veterano y le tratan como una institución. Lleva 45 años echando una mano en lo que puede. Antes salía siempre, hasta que se casó con Loli. Pero la devoción se lleva por dentro. Ahora, apenas sale en las procesiones. Sin embargo, colecciona «pasos en miniatura» que miden de «seis a quince centímetros». Y que son, a la vez, un pequeño homenaje a su abuela, por haberle acercado la pasión de Cristo cuando era crío. En la actualidad, tiene las piezas suficientes para montar una procesión de «nueve cofradías de quince centímetros» (incluidos sus integrantes), y otro 'minidesfile' con cuatro hermandades más «de nueve», explica. Se trata de réplicas en miniatura que compra y él mismo decora: «Algunas son figuras en blanco que tengo que pintar y vestir».

Al detalle

En esta labor le ayuda también su mujer, sobre todo «con los encajes». Porque a sus cofrades y representaciones no les falta detalle. De hecho, tiene «una Virgen y un San Juan con la misma cara y lo único que les diferencia es la barba» que le puso al apóstol. Pero «sin bigote, para que parezca joven», apunta.

Sáenz de Santamaría es un hombre detallista. Y trabajador. Además de hacerlo fuera de casa, lo hace dentro: «Estoy preparando nueve pasos más de los grandes que estarán listos para la próxima Semana Santa». Entonces, con ayuda de su Hermandad buscará un buen lugar para exponer su trabajo, en el que también incluirá la tercera procesión, la de seis centímetros. No hay duda: es un hombre de gran pulso.
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