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Una pareja denuncia al Guggenheim por recriminarles que dieran de mamar a su hijo
El museo niega que esté prohibido amamantar a un bebé y dice que invitaron a sentarse a la madre «por comodidad»
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Una pareja ha presentado una denuncia contra el Museo Guggenheim Bilbao por llamar la atención a la mujer cuando daba de mamar a su hijo. Según el padre del niño, de año y medio de edad, una azafata de la pinacoteca se acercó a ellos y les dijo que «estaba prohibido comer» en el interior de las salas, explica Félix Martín, a lo que ellos respondieron que el pequeño «necesitaba alimentarse» y que, además, «no estaba tirando migas».

Un portavoz del Guggenheim, por su parte, afirmó ayer que se trata de un «malentendido», ya que el museo no prohíbe amamantar a un bebé. Según esta versión, la asistenta «invitó» a la madre a que se sentara en un banco en el exterior de la galería «para su propia comodidad». El matrimonio, vecino de Sestao, ha acudido al Juzgado de Guardia de Bilbao, a una asociación de consumidores y al Ararteko para denunciar el caso, y presentó una reclamación en la propia pinacoteca.

El incidente se produjo alrededor de las siete de la tarde del pasado domingo. «Somos amigos del museo casi desde que abrió, por eso nos duele más. El niño reclamó comer y su madre sacó el pecho con total naturalidad», recuerda Félix Martín. En ese momento, la familia se encontraba en la sala 205 disfrutando de una parte de la exposición. «Una chica se nos acercó y nos dijo que estaba prohibido comer allí». Indignado, Félix pidió hablar con el supervisor, o en su defecto con la Policía, y que le mostraran la norma que impedía dar pecho a un bebé en el interior del museo.

Lo que ellos no sabían es que el niño «nació con crecimiento intrauterino retardado; es más pequeño que cualquiera de su edad, y por eso en cuanto pide alimento hay que dárselo». Begoña continuó amamantando a su pequeño pese al requerimiento de los empleados y Félix fue a poner una queja. «No quiero pasta ni montar un escándalo, sólo que el señor Vidarte (director del Guggenheim) se disculpe públicamente ante mi hijo, al que han humillado. Yo pasé un mal rato, mi mujer también, y mi hijo lloró, y no llora nunca», protesta.

Ningún problema anterior

Según el museo, sin embargo, la asistenta de sala, que se distinguen porque visten una chaqueta roja, comentó a la mujer con el menor en brazos que «estaría más cómoda en un banco fuera de la galería». Posteriormente, cuando llegó el supervisor de seguridad «se disculpó», insistió en que si querían podían sentarse, y que si no, no importaba. No le dijo en ningún momento que no podía, le aconsejó que saliera. De hecho la mujer le dio el pecho al niño», matiza un representante oficial. Los empleados de Seguridad y Atención al Visitante consultados notaron que al hombre «no le gustó la respuesta y protestó», aunque nunca pensaron que llegara a acudir a un juzgado. «Hasta ahora nunca antes habíamos tenido ningún problema al respecto», insisten desde el centro de arte.

Recientemente se produjo una polémica similar en el centro comercial Vialia de Málaga. Un matrimonio y sus dos hijas de 19 y 2 meses estaban sentados en un restaurante. La madre empezó a amamantar a la pequeña, momento en que se le acercó un vigilante negando con el dedo. El empleado de seguridad le indicó que para dar el pecho al bebé tenía que dirigirse a la sala de lactancia, ubicada en el piso inferior, según explica el marido y padre del bebé en un foro de Internet. En este caso, el vigilante utilizó expresiones groseras y denigrantes contra la mujer por mostrar sus senos en público.
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