Daniel González Portilla tiene medio centenar de cabezas de ganado, lo que le supone unos 40 alumbramientos al año. El lunes no contaba con tener que asistir ningún parto. Sin embargo, uno de sus animales se saltó las cuentas. A las ocho y media de la mañana, cuando llegó a la zona del Mazo, en Carranza, donde pastan sus vacas, descubrió una bandada de buitres que había devorado a la cría. «No quedaba nada del ternero», afirmó Ángel González, hermano del afectado. A la la madre la habían dejado herida de muerte y falleció media hora más tarde. «Había comprado la vaca en Asturias, después de que ganara un concurso, y pesaba más de 400 kilos», añadió apenado.
Espantados por la llegada del ganadero, los carroñeros se alejaron del Mazo, aunque todavía no habían saciado su apetito. Sobre las once y media de la mañana volvieron a atacar. Su segunda incursión tuvo lugar en la zona del Alto de Ubal, cerca de Sangrices, a unos 300 metros de distancia del lugar donde se produjo el primer ataque. Allí acabaron con una novilla, una res de casi 20 meses, que pertenecía a Iñaki Pérez. Esta vez no acudieron alertados por la sangre, como sucede cuando las vacas paren, sino simplemente acuciados por el hambre.
La cuarta víctima pastaba en la zona de Presa, a las cinco de la tarde, cuando los carroñeros se lanzaron a por ella. Se trataba de una vaca de Pedro Barreros, cuya muerte pondría fin a la jornada de pérdidas para los ganaderos.
«Desde octubre he perdido unas 20 ovejas. Hace un mes los buitres le mataron una vaca y su ternera a mi hermano Bernardo y el lunes acabaron con otros dos animales de Daniel», protestó Ángel. «Entre los tres llevamos perdidos, al menos, 15.000 euros, y aquí nadie nos paga nada», se quejó.










