
Nada delataba que habían viajado desde las dos de la madrugada, porque salieron disparados de los autocares para cargar con sus maletas. A salvo de una mañana húmeda dieron buena cuenta de un suculento desayuno con cacao, galletas, frutas y panecillos que les ofrecieron los 14 coordinadores responsables de las diferentes asociaciones. Hasta les encantó el detalle del Ayuntamiento de Loiu, que les entregó una bolsa de viaje con una manta y un abrigo para las noches frías del desierto.
Muchas niñas parloteaban risueñas después del ágape. Tanga y Fátima ya sabían el plan que les esperaba: «playa, piscina, columpios y jugar con las amigas». Lo explicaron con regocijo, aunque todo lo bueno también se acaba.
Alimentación y sanidad
A sus 11 años, ya están informadas de que el próximo verano será el último que puedan volver. Pero peor estaba Malmín, que ayer comenzó sus últimas vacaciones en Euskadi, porque ya tiene 12 años y ha estado en cinco ocasiones. Recordar que ha agotado su 'cupo' le entristeció. «A la familia le dará mucha pena cuando regresemos al Sáhara para siempre, y a mí también», musitó.
Sin embargo, para Mohamed empezaba un período de alegría, ya que el mejor reclamo para él es «la comida». Precisamente éste es uno de los atractivos de la campaña 'Vacaciones en paz', con la que medio millar de niños saharauis llegarán al País vasco. Durante su estancia no sólo disfrutarán, sino que sabrán de los beneficios de una alimentación completa y recibirán atención sanitaria, dos servicios difíciles de cubrir con los escasos medios disponibles existentes en los campamentos del desierto en los que residen.
Estos niños también perfeccionarán de paso el castellano, un idioma que estudian en los campos de refugiados. «Hay que destacar que, tan sólo en Vizcaya, 46 Ayuntamientos colaboran con el Sáhara, desde Muskiz hasta Ermua», según explicó Eneko Calle, responsable de la asociación Nuyum, de Sopelana, uno de los grupos que colabora en esta iniciativa solidaria.









