Areso recordó a los vecinos que, si hubieran «pagado más tarde, hubiesen pagado más». En cualquier caso, indicó que el Ayuntamiento no fija los precios, competencia que recae en la empresa que «hace la obra».
El responsable municipal reiteró que las plazas, aunque sean en venta, tienen fecha de caducidad, ya que su concesión concluye en el plazo de 50 años a partir de la transacción -en otros casos, la titularidad dura 40 años-. «¿Qué ocurrirá entonces», se preguntó Areso. En teoría, los aparcamientos, al ser de concesión municipal, «revierten al Ayuntamiento», es decir, pasan a ser propiedad del Consistorio.
Por eso el precio de una parcela impulsada por el Ayuntamiento cuesta menos que una vendida en el mercado libre. Dentro de medio siglo, el alcalde que presida entonces la Corporación «decidirá» si mantiene el uso de las miles de parcelas que haya en Bilbao para los vecinos. «Imagino que se dará prioridad a los residentes en la renovación de las concesiones, pero no son más que cábalas», explicó el delegado de Aparcamientos.










