
-De nuevo en un texto clásico, aunque interpretando un papel diferente.
-Es la primera vez que participo en una farsa. Lo mío siempre han sido las tragedias, aunque no me importa. Me encanta el humor y tampoco está mal dejar de ser la víctima a la que matan en todas las funciones.
-¿Cómo es su personaje?
-Se llama Flora de Trevélez y es una solterona disparatada, virgen y grotesca. Vive a comienzos del siglo XX, aunque en verdad no es una mujer de su tiempo.
-¿Como Ana Marzoa?
No creo parecerme en nada. De hecho, cuando me ofrecieron el papel, lo primero que hice fue reflexionar sobre la imagen que estaba dando. No debía de ser muy buena -risas-.
-Entonces, le habrá costado interpretar a Flora.
-No tanto. Un buen artista siempre debe saber tirarse a la piscina. Además, el personaje me recuerda a una tía mía que se quedó viuda hace años. Comenzó a encerrase en sí misma y acabó siendo una mujer un tanto disparatada, no tan diferente a la que puede representar mi papel.
-Regresa a la palestra en Barakaldo. Lo hace tras una fugaz experiencia con Paco Gabaldón en 'Tras las huellas de Bette Davis'.
-Era una buena obra, pero cerramos muy pocas funciones. A veces no entiendes del todo los motivos. Creo que en esta profesión cada vez se valora más a los gestores y menos a los artistas.
-¿Ha tocado techo como actriz?
-Siempre se evoluciona sobre los escenarios, pero mi época dorada pasó a finales de los años ochenta. He comenzado a bajar el tobogán de la fama.
Sin 'espinitas'
-¿Le queda alguna 'espinita' clavada?
-He interpretado los papeles que más ilusión me han hecho y no me retracto de nada, aunque me hubiera gustado hacer más cine. El teatro siempre ha sido lo mío, pero para perdurar en el tiempo no hay nada como la gran pantalla.
-¿Ni siquiera la pequeña pantalla?
-La fama en televisión es efímera. Se acaba con el programa y nunca afecta al actor, sino a su personaje. Te conocen sólo por tu nombre ficticio y no saben en verdad cómo te llamas. El gran protagonista de 'Verano azul' será siempre Chanquete, y no Antonio Ferrandis.
-Quizá hubiera tenido más suerte en Argentina.
-Allí hay más teatro. Es algo que nunca sabré. Ni siquiera me di una oportunidad seria. Opté por desarrollar mi carrera en España y no me arrepiento.










