
La solución pasa por construir una nueva pared de contención que sustituya a la actual, que presenta un importante deterioro debido al empuje del terreno. El corrimiento ha sido gradual. El muro comenzó a abombarse hace ya más de un año, cuando unas obras cercanas obligaron a remover las tierras del entorno y modificaron los cursos de varios arroyos. Desde entonces, no ha dejado de ceder y las grietas han invadido el suelo cercano.
En abril, tras días de intensas lluvias, varios residentes del bloque 21 achacaron la aparición de pequeñas fisuras en sus viviendas a la inestabilidad del terreno contiguo. Este extremo, sin embargo, aún no ha sido confirmado por el Consistorio. La anterior Corporación ya rechazó la versión vecinal tras analizar las conclusiones de un informe técnico, pero el nuevo equipo de gobierno ha solicitado otro estudio. Sus impresiones van en la misma línea.
Origen de las fisuras
El arquitecto municipal visitó el miércoles la zona para evaluar el estado del edificio y las posibles causas de las grietas aparecidas. Sus conclusiones, aunque someras, revelan que «no» hay motivos que induzcan a pensar en una relación causa-efecto. La investigación, no obstante, durará unos días. «El origen de las fisuras no puede comprobarse a simple vista y el Ayuntamiento tampoco tiene los medios para hacerlo, así que hemos tenido que encargar los servicios de una empresa especializada», explica Martín.
El Consistorio seguirá con la investigación hasta el final y construirá el muro para evitar el «alarmismo» generado en la zona. Lo hará pese a que la ladera afectada por el corrimiento no es de propiedad municipal, sino del Gobierno vasco, que ejecuta varias promociones inmobiliarias en el polígono San Juan. Mientras, los vecinos aguardan con paciencia la solución de un problema que les mantiene en vilo.










