
El éxito fue rotundo. Sólo había que echar un vistazo a las listas de inscripción: 3.700 participantes de 166 empresas de los cinco continentes. «La entrega de las personas es impresionante. Cuando compiten lo hacen en serio», señaló la concejala de Cultura, Ibone Bengoetxea. Las instalaciones del Athletic en Lezama eran sólo un pequeño ejemplo de lo que se vivía en todo el recorrido de los juegos. El rojiblanco dejó paso a camisetas de miles de colores. Cada una con su distintivo. Manuel Vieito, Rubén Carlos, Javier Romero y César del Río, de la empresa Mercedes Benz, ojeaban a algunos de sus posibles contrincantes antes de salir al césped. «El nivel es alto, pero lo importante es pasarlo bien», coincidían, mientras otro compañero gritaba a lo lejos «¿Yo entro a por todas!». Su primer rival: EL CORREO, patrocinador del evento. El equipo foral del IFAS acababa de terminar su ronda de tres partidos. Sólo ganaron uno, por lo que quedaron eliminados. La mala suerte, sin embargo, les llegó también en forma de lesión. Josemi, el portero, tuvo que ser atendido por los servicios sanitarios tras golpearse la mano con el poste y sufrir un corte en uno de los dedos. «El gancho ha traspasado el guante y se ha hecho una avería», relataban sus compañeros, mientras aguardaban el parte médico junto a la ambulancia.
El baloncesto se convirtió en una de las pruebas más demandadas. El polideportivo de San Ignacio y el parque de Doña Casilda no daban abasto para acoger a los jugadores y a sus más fieles seguidores: familia y amigos. Los griegos de Sanofi Aventis eran el conjunto más temido, no sólo por su técnica, sino por su ferocidad. «En la cancha lo damos todo. Nuestra intención es competir y, sobre todo, tratar de hacerlo lo mejor posible», advertía Savvas Savvidis en un descanso. En el campo de al lado, el bombero bilbaíno Jordi Bocanegra se quejaba de lo «sucio» que jugaban los italianos. «Uno ha ido a defender con los puños. Como no hay árbitro, al final, no se pita nada», se quejaba. Aun así, el día prometía.
'Dragonboat'
En Txurdinaga y bajo un sol de justicia, los tenistas se dejaban la piel en la raqueta, mientras, más resguardados, los participantes en las modalidades de pelota vasca dejaban boquiabiertos a más de uno. «Pero si golpean una bola contra la pared», comentaba atónito uno de los miembros del grupo del Ayuntamiento de Leeds. Oscar Eguskiza, de Ipar Kutxa, preparaba su raqueta para competir en frontenis. «Ya que estamos en Bilbao no podía faltar esta disciplina. La mayoría de los participantes se sorprenden con eso de que sólo se juega aquí y en Sudamérica», comentó.
Junto a la ría y ante la atenta mirada de los turistas se daban cita los deportistas que acaban de terminar la prueba ciclista y aquellos que se enfrentaban en el 'Dragonboat', deporte importado de China, muy similar al remo, pero en barcos con forma de dragón. Griegos y turcos -estos últimos incluso portaban banderas de su país-, eran los favoritos. «Entre ellos va a estar la final» era el comentario general de las 'escuderías'. No hay que olvidar que lo importante era participar.










