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Enamorados del tren
Alquilan un histórico convoy de Feve para desplazarse al banquete de una boda
15.07.07 -
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Enamorados del tren
DESDE EL ANDÉN. Los pasajeros partieron de la estación de Irauregui con destino a Bilbao, donde se celebró la comida. / PEDRO URRESTI
Suenan campanas de boda en la ermita de San Antolín. Es un día especial en la vida de Itziar Esteban y Jon Sánchez, una pareja de 30 años. Se casan a unos metros de casa, en Alonsotegi. Y tienen todo planeado para desplazarse con comodidad al banquete que se servirá en un céntrico hotel bilbaíno. ¿Cómo? Nada mejor que el medio de transporte que les apasiona: el tren. No se trata de un ferrocarril cualquiera. Los dos coches salón de Feve alquilados para la ocasión tienen una larga historia a sus espaldas; en uno de los casos más de 70 años. «Queríamos algo original y como nos encantan los trenes...», relataban los enamorados nada más contraer matrimonio.

Fue un viaje inusual y repleto de emociones. Todo empezó poco después de las dos y media de la tarde en los andenes de la estación de Irauregi. Está a pie del templo donde se ofició la ceremonia. Tan sólo hubo que recorrer 50 metros -en cuesta, eso sí- para tomar el eventual 'tren del amor', con climatización incluida y detalles propios de un enlace nupcial. Hasta se colocaron flores en las puertas...

Dentro de los vagones, los componentes de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao se daban un capricho. Estaban encantados con la iniciativa de sus compañeros Itziar y Jon. Más que nada, porque no todos los días uno puede viajar en un vagón construido en 1923. «¿Es increíble! Llevo ya 20 años fotografiando trenes y esto es de lo mejorcito que he visto», confirmaba Iñaki López antes de partir rumbo a la capital vizcaína. En tierra, los empleados de Feve coordinaban la operación.

Decoración de lujo

En el interior del tren olía a lujo. Dice la leyenda que el obispo de Calahorra utilizaba el vagón en el que iban los novios para desplazarse, aunque eso poco les importaba a los contrayentes. «Lo más difícil fue planificarlo todo y que encajaran los horarios», admitían felices por haber cumplido «un sueño». Sillas de piel daban ese aire distinguido que querían los jóvenes. Del resto se ocupaba el impresionante decorado a base de madera en paredes y ventanas.

El trayecto se hizo corto para la mayoría. Entre el inconfundible chasquido de los raíles y los cánticos propios de la boda se agotaron los doce minutos de recorrido. Las paradas de Castrejana, Santa Agueda y Zorroza quedaron atrás antes de recalar en la estación de La Concordia. Muchos llegaron con ganas de prolongar las celebraciones, mientras los viajeros que esperaban otros trenes miraban incrédulos. «¿Que siga la fiesta!».
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