
Fue un viaje inusual y repleto de emociones. Todo empezó poco después de las dos y media de la tarde en los andenes de la estación de Irauregi. Está a pie del templo donde se ofició la ceremonia. Tan sólo hubo que recorrer 50 metros -en cuesta, eso sí- para tomar el eventual 'tren del amor', con climatización incluida y detalles propios de un enlace nupcial. Hasta se colocaron flores en las puertas...
Dentro de los vagones, los componentes de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao se daban un capricho. Estaban encantados con la iniciativa de sus compañeros Itziar y Jon. Más que nada, porque no todos los días uno puede viajar en un vagón construido en 1923. «¿Es increíble! Llevo ya 20 años fotografiando trenes y esto es de lo mejorcito que he visto», confirmaba Iñaki López antes de partir rumbo a la capital vizcaína. En tierra, los empleados de Feve coordinaban la operación.
Decoración de lujo
En el interior del tren olía a lujo. Dice la leyenda que el obispo de Calahorra utilizaba el vagón en el que iban los novios para desplazarse, aunque eso poco les importaba a los contrayentes. «Lo más difícil fue planificarlo todo y que encajaran los horarios», admitían felices por haber cumplido «un sueño». Sillas de piel daban ese aire distinguido que querían los jóvenes. Del resto se ocupaba el impresionante decorado a base de madera en paredes y ventanas.
El trayecto se hizo corto para la mayoría. Entre el inconfundible chasquido de los raíles y los cánticos propios de la boda se agotaron los doce minutos de recorrido. Las paradas de Castrejana, Santa Agueda y Zorroza quedaron atrás antes de recalar en la estación de La Concordia. Muchos llegaron con ganas de prolongar las celebraciones, mientras los viajeros que esperaban otros trenes miraban incrédulos. «¿Que siga la fiesta!».










