En cierta ocasión se me ocurrió citar a la epacta exponiendo sinceramente mi completa ignorancia sobre este tema que había encontrado en el popular Calendario Zaragozano fundado en 1840 por don Mariano Castillo y Occsiero, cuyo retrato a pluma aparece siempre en la portada, muy serio con cara de astrónomo.
Yo dije que no tenía ni idea de lo que era y ni para que servía la epacta, y como en esta tertulia todo se explica contando con la amabilidad de los tertuliantes, otro lector me envió diez folios llenos de textos, tablas y explicaciones hablando de la pascua, de la epacta, del calendario, de las edades de la luna y otra serie de datos y tablas que yo no entendía porque para estas cosas soy bastante ceporrete.
Entonces se me ocurrió decir que ponía toda esta enciclopedia astronómica a disposición de cualquier lector interesado y uno de ellos, por intermedio de un amigo común, me pidió aquella información. Se la di y he aquí que días más tarde otro lector me la solicitó amablemente por carta.
Escribí personalmente a este segundo lector para contarle que había dado ya aquellos folios a otro que llegó antes que él, pero que si conseguía una fotocopia de todo ello tendría mucho gusto en enviárselo. La conseguí, pero siguiendo una costumbre ya habitual en mi organización burocrática, me encontré con que había perdido la dirección del segundo solicitante. Si ese señor sigue siendo lector de estos modestos comentarios, le ruego que vuelva a escribirme enviándome su dirección y de esta forma la aventura de la epacta podrá llegar a feliz término.
La otra deuda pendiente la tengo con otro lector que es agente de jugadores de la RFEF, y quería saber cómo terminó aquel problema planteado por un tal Carlos, que se encontró a la puerta de San Mamés con una entrada sobrante. ¿Qué hizo con ella? No lo sé, porque Carlos me ha escrito ya tres cartas hablándome del tema (y en parte tomándome el pelo) y sigo sin saber lo que hizo con la dichosa entrada de sobra. Como dice la frase popular, los hay como mantas.










