En estas fechas malas para meterse en una sala de conciertos, el viernes los históricos grunges Mudhoney, surgidos en los 80 en Seattle, rozaron el lleno en el Antzokia y triunfaron con rock and roll de ADN genuino, efectividad infungible y actitud incombustible. La peña estaba entregada, se sabía las canciones y a veces las coreaba puño en alto ('Touch Me, I'm Sick') mientras se sucedía un repertorio compacto, fornido y dosificado mediante la ralentización del blues.
Pero el grueso del listado lo copó la semilla Stooges, el fuzz de Cynics/Sonics, una onda motera a lo Lords Of Altamont y una reverberación que ha influido en todo el orbe, como a los locales Positiva, que por ahí flipaban. Ah, se versioneó a Black Flag en el primer bis.