
Los polluelos han sido anillados para conocer su evolución. «Marcamos a tres, pero uno ha muerto en la última semana». Al principio son tan pequeños que no demandan mucha comida, pero a medida que crecen «necesitan más, y a diario». Después del «esfuerzo» que supone la temporada de cría -ponen los huevos en enero y las aves echan a volar en septiembre-, los buitres «buscan comida debajo de las piedras». Aun así, «sólo los mejor dotados han sacado adelante a sus crías» este año. En Vizcaya, el éxito reproductor ha pasado de una media del 57% -entre 2004 y 2006- a menos del 40%.
Zuberogoitia y su equipo siguen de cerca a estas aves desde el año 2000. Localizan los nidos y las colonias de nueva formación y marcan a las rapaces con anillos de color amarillo «que se ven con un telescopio». El invierno anterior al cierre del muladar llevaron a cabo un proyecto piloto y anillaron 58 ejemplares para saber «de dónde venían a comer y qué desplazamientos hacían».
Puntos de alimentación
Según sus estimaciones, «había unos 300 ó 400 buitres en el entorno del comedero» cuando llegaba la carroña, dos veces por semana. Estaban bien entrenados. «Lo esperaban y, en cuanto veían el camión, iban hacia allí». A su juicio, esta cifra «no es ningún disparate» si se compara con lugares como la Foz de Lumbier o «cualquier muladar de Extremadura». En cualquier caso, en lugar de una buitrera «se pueden abrir varios puntos de alimentación suplementaria» para evitar la concentración de aves.
En total son «miles» los buitres que se mueven en el entorno de Ordunte, en un radio de unos 50 kilómetros, aunque en Vizcaya sólo nidifican 60 parejas, la mayoría en Urkiola. Son aves longevas que pueden vivir «de 30 a 50 años». El corte del suministro de comida después de dos décadas no ha mermado significativamente la población adulta, pese a que ha habido algunas muertes y más ingresos en centros de recuperación. Sobre todo, ha cambiado «su comportamiento».
Cada vez se les ve más cerca de los caseríos y las carreteras. «Los buitres tienden a conseguir comida como sea. Buscan gatos atropellados, placenta de vacas y de ovejas. El problema es que eso era lo que comían los alimoches y los cuervos, y ahora compiten entre sí», explica el especialista. Él cree que muchos de los ataques denunciados por los ganaderos «no son reales», pero reconoce que «algunos las están pasando canutas. Unos vecinos míos -en el Valle de Mena- tuvieron que llevarse a una vaca y su ternero en un remolque para defenderlos». Las hembras que tras un mal parto son incapaces de moverse, mueren junto a sus crías cuando los carroñeros bajan a comer la placenta.
También «hay ganaderos que se lían a tiros. Desde que se cerró el muladar han matado a más buitres que en los últimos ocho años», afirma Zuberogoitia. «Ven que esto se desmadra y sienten que tienen que defender lo suyo». Esa «crispación» tardará en desaparecer. Y si se sigue sin llevar comida, «la población de buitres no va a bajar a corto plazo, pero se va a mantener un índice de ataques elevado». El experto opina que la Diputación «debería reunir a todos los implicados» -conservacionistas, ganaderos y centros de recuperación- para reanudar cuanto antes la aportación de carroña.










