Qué diferencia con su teloneo de media hora a los Who en el BEC: ahí irrumpió disparado y aguantó eufórico hasta el final. En los 96 minutos sabatinos no pudo mantener la tensión y sirva de ejemplo su destemplada revisión de 'El rompeolas'.
La primera causa principal de la falta de emoción de su actuación fue el repertorio plano y lineal, con alguna cota puntual como el homenaje a John Wayne 'Feo, fuerte y formal' y recuperaciones del pasado glorioso como 'Rock suave'. El grueso del espeso set relegó la inocencia y la épica juvenil en pro de un encaramiento del presente en el que pesa la nostalgia crepuscular ('Cuando fuimos los mejores'), a veces asoma la decadencia ('La edad de oro', en plan Bowie) y siempre se abusa de la marcialidad ('Territorios libres' dedicada a Oriana Fallaci, la republicana 'Antes de la lluvia').
La segunda razón del poco brillo del Loco, desamparado sobre el tablado y apoyándose en los hachas Paskual y Stinus, fue la triple línea trasera de la nueva banda (¿una bajista argentina!), gregaria hasta el bostezo (ojalá se debiera a que arranca la gira).










