Aquel cuadro no estaba ambientado como tantos otros en alguno de nuestros pueblos, sino en Bilbao, y tenía un detalle que me hizo mucha ilusión. Una estampa en la que aparecía aquel famoso reloj de las cuatro esferas que formó parte durante muchos años de nuestra vida popular y urbana y que yo llegué a conocer.
Por los detalles del cuadro correspondía a la segunda época de aquel reloj, cuando es-tuvo colocado en la Gran Vía, en el cruce con la calle Astarloa. Y en el libro 'Teleobjetivo discreto', de aquel gran bilbaíno que fue don Juliana del Valle, se puede contemplar una fotografía de aquella zona.
En la foto se ve una foto panorámica de la Gran Vía. Los peatones son dueños de las aceras y la calzada, y a lo lejos hay un coche de caballos. A la izquierda la ya centenaria pastelería de Arrúe, a la derecha, aún en obras, el edificio de la Caja de Ahorros Municipal, y en el centro del cruce de calles, el reloj de las cuatro esferas.
Este reloj estuvo colocado, anteriormente en el paseo del Arenal y allí solían acudir los bilbaínos el día de Nochevieja para dar la bienvenida al nuevo año. Era el reloj que hacía en Bilbao las veces del de la Puerta del Sol en Madrid. Y fue junto a este reloj -tal como lo cuenta en uno de sus escritos- donde Indalecio Prieto transmitió como corresponsal el recibimiento que Bilbao hizo al siglo XX.
Aquel reloj, que fue como el latido de la Villa, se trasladó del Arenal a la Gran Vía y pasando el tiempo, allá por los años cuarenta si no me falla la memoria, acabó retirado en un rincón del parque, de donde desapareció triste e inexplicablemente para siempre.
Y yo me pregunto. ¿Por qué no se ha conservado aquella reliquia de nuestra historia popular y urbana? ¿Por qué desapareció aquel reloj histórico? No lo sé, pero pienso que con los testimonios gráficos que existen, no sería difícil reconstruirlo. Ahí dejo esta idea, simpática popular y entrañable, por si alguna de las áreas del Ayuntamiento se anima a recogerla.










