
«No tendríamos mundo sin los marinos», aseguró Patxi Garay. El director del museo y capitán mercante durante muchos años se refería así a los descubrimientos geográficos y al desarrollo histórico, económico y social propiciados por el transporte marítimo. Los orígenes de la ingeniería naval fueron, sin embargo, mucho más humildes. El primer barco fue un «simple tronco vacío». Poco a poco, la estructura de los buques evolucionó, aunque seguía utilizándose sólo madera. Fue un molusco conocido como 'la broma' el que obligó a recubrir el casco de metal: «Se iba comiendo la madera y, aunque los barcos lograran llegar a su destino, luego tenían verdaderos problemas para volver», explica Garay. Y necesitaban regresar para hacer negocio. En efecto, el comercio fue el que, por necesidad, impulsó los avances técnicos: «La gente corría para llevar antes las mercancías y, al llegar, hacían lo mismo para contratar otras y así no desperdiciar el viaje de vuelta». Fruto de esta lucha por ser los primeros surgió el primer barco de vapor. Al principio eran barcos a vela y vapor al mismo tiempo. Según Garay, había que ser «muy aventurero y valiente para lanzarse al mar en algo así».
Estos son sólo algunos ejemplos de lo que puede verse en la exposición. En la última parte se hace hincapié en la relación entre los puertos y las ciudades. Bilbao ha sido una de las ciudades portuarias más importantes de España. «Entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, el 50% de la flota española era de Bilbao», indica el director del museo. Se pueden ver maquetas de la ría en aquella época, un auténtico imperio de la construcción naval. El propio museo se asienta sobre un antiguo astillero.
Pero la capital ha cambiado mucho desde entonces: «Según los países van siendo más ricos, a la gente deja de compensarle navegar y estar fuera de casa». Garay lamenta que los jóvenes no sean conscientes de la historia de su ciudad y de lo vinculada que está a la mar: «Bilbao existe gracias a los armadores y a los marinos». Cree que la culpa es de la anterior generación, por no contárselo a la siguiente, pero también de las instituciones: «En ninguna ciudad portuaria de Europa, por muy pequeña que sea, falta un museo marítimo y ninguno de menos de 50 años, aunque tenga menos historia que nosotros».
Por contra, el Museo Marítimo de Bilbao se inauguró hace sólo cuatro años. Su director considera que esta exposición es una buena oportunidad para que los más jóvenes conozcan algo más sobre Bilbao y su pasado, pero también para que los padres o abuelos que les acompañen a verla les cuenten mientras la recorren «lo que ellos mismos vieron».










