Comenzaré por el limpiavías, que era el encargado de eliminar el barro acumulado en el hueco de los railes de aquellos viejos tranvías de la villa. Era un oficio curioso, porque el encargado de esta labor tenía que recorrer los kilómetros de rail a pie y de noche, pasando por el hueco de la vía una herramienta adecuada con un largo mango de madera. Hoy hemos vuelto a tener railes en algunas calles, pero supongo que el sistema de limpieza se habrá modernizado algo porque el antiguo limpiavías resultaría bastante anacrónico en el siglo XXI. Sigamos con la lista.
El deshollinador, llamado popularmente limpiachimeneas, era el encargado de eliminar el hollín de los conductos de humo, recorriendo los tejados de la villa y creo recordar que en este oficio realizaban su aprendizaje los aspirantes a bomberos. Quizá de ahí se derive la famosa frase de 'tienes cosas de bombero', aludiendo a sus salidas por el tejado.
Y siguiendo con nuestra lista, recordemos también al farolero, que con su larga vara -que llevaba en la punta una candelilla encendida y un gancho-, se encargaba de encender de noche y apagar de día los faroles públicos de gas.
Viene ahora otro modesto oficio callejero, el vendedor de gomas para paraguas, que aunque parece un oficio absurdo, con él se ganaba la vida un señor que vendía sencillamente gomas elásticas, para mantener recogida la tela de los paraguas antes de inventarse la cinta de sujeción.
Y no podían quedar fuera de esta lista los populares maleteros, aquellos laboriosos trabajadores que en las puertas de las estaciones esperaban la llegada de los viajeros para acompañarles a su domicilio cargando con las maletas. Oficio duro sin duda ninguna y que además no tenía tarifas oficiales, lo que daba lugar a discusiones entre la oferta y la demanda. Y como aun me queda algún otro oficio más por reseñar, quizá sea mejor dejarlo para mañana. Deo volente.









