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Exploradores en la villa
La Ruta Quetzal recaló ayer en Balmaseda con 400 jóvenes de 55 países que estos días recorrerán Vizcaya y Guipúzcoa
19.07.07 -
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Exploradores en la villa
Los aventureros cruzan el puente romano de Balmaseda. / M. ATRIO
La Ruta Quetzal, la expedición internacional más joven, alcanzó ayer el País Vasco. Llegó a bordo de un clásico, el ferrocarril Transcantábrico, que acercó hasta Balmaseda a 400 viajeros procedentes de 55 países, la mayoría de entre 16 y 17 años. La villa encartada se vistió de fiesta para recibir a los expedicionarios que, liderados por el más veterano de los exploradores españoles, Miguel de la Quadra Salcedo, iniciaron allí un periplo que les llevará en los próximos días a varias localidades vizcaínas y guipuzcoanas.

Banderas de México, Filipinas, Venezuela o Perú ondeaban en las escaleras del Consistorio balmasedano. Todo un elenco de culturas unidas por el castellano, el idioma oficial de esta travesía intercontinental, que patrocina el BBVA. Una veintena de monitores se encargaban de reagrupar a los rezagados, mientras, megáfono en mano, les daban instrucciones para que se sentasen.

«Hemos venido con la lluvia a este verde valle del Cadagua para aprender Historia», anunció de la Quadra a los jóvenes. Y para el famoso viajero no hay mejor forma de hacerlo que a través de la gastronomía, la heráldica y las monedas. El alcalde de Balmaseda, Joseba Zorrilla, ofició de maestro de ceremonias en la recepción a los expedicionarios, a los que recordó los 808 años de historia de la villa. Después, les invitó a visitar la iglesia de San Severino, el museo histórico y el casco antiguo de la localidad. Pero el momento más esperado fue el del almuerzo. En el frontón municipal, les aguardaba una tradicional putxera ferroviaria para reponer fuerzas. Todavía les quedaba la visita al Museo de Boinas La Encartada y el trayecto a pie hasta Bolunburu, en Zalla, donde pasaron la noche.

El pájaro 'Yiyu'

Diecisiete monitores y tres auxiliares velan para que el intenso plan de trabajo que supone la Ruta Quetzal se cumpla sin sobresaltos. «Al principio resulta complicado, pero con el paso de los días los chavales se van haciendo y se adaptan a funcionar en grupos», explica Nacho Barreda, uno de los auxiliares. El suyo es un trabajo voluntario pero indispensable para la buena marcha de la excursión, que implica una férrea disciplina para los chavales. Por las mañanas, muy temprano, «el pájaro 'Yiyu', que es como llamamos a la sirena del megáfono», se encarga de despertarles. Después, les esperan largas caminatas.

Que el viaje resulta duro lo sabe muy bien Íñigo Oritz, un vitoriano de 23 años. Ahora ejerce de monitor, pero hace siete años fue un expedicionario más de la ruta. En su opinión, el valor del proyecto está en la convivencia, al margen de los conocimientos que los jóvenes adquieren en cada lugar que visitan. «Se dan cuenta de que todos tienen las mismas inquietudes, sin importar de dónde proceden», explica.

El recuerdo de los lugares visitados tardará en borrarse de la memoria de los exploradores. Así piensa, al menos, Francesca Torchiani, una peruana de 16 años que nunca había estado en España y que afirma que el País Vasco es el lugar que más le ha impactado, porque «es muy verde». Son muchos los momentos que se llevarán a casa: la inundación que les pilló en Querétaro (México) el topo que destrozó la tienda a un grupo o el viaje por el volcán Paricutín. Pero todos opinan que las nuevas amistades serán las que mejor sobrevivan al paso del tiempo.
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