
Pero esta historia comenzó mucho antes. Araiz y Maialen veraneaban en Marbella. Andaban a la caza de un famoso cuando conocieron a su vecina de apartamento, una reportera del corazón. «Queríamos fotografiarnos con 'El Koala', pero no pudo ser». Entonces, Eugenia Martínez de Irujo se puso a tiro. Secundaria de lujo. «Y conseguimos sacarnos una foto con ella», relata Araiz. Meses después, enlaCe puso en marcha el concurso de 'Tu foto con un famoso'. El azar hizo el resto. La instantánea resultó ganadora. El premio: un viaje en limusina y una cena en el Zortziko. Un lujo que decidieron saborear hace escasos días.
Cena por todo lo alto
Ya de camino al restaurante, un pequeño atasco les dio la oportunidad de sentirse como verdaderas estrellas de Hollywood. «Bajamos la ventanilla y nos pusimos a saludar a los conductores de otros coches». Las dos afortunadas intentaron abrir el techo solar de la limusina, pero no dieron con la clave. «Y eso que lo intentamos». «Estuvimos bailando dentro del coche, sacándonos un montón de fotos... Nos sentimos como Paris Hilton».
En la entrada del restaurante les esperaba el fotógrafo de EL CORREO y un grupo de curiososos arremolinados para ver quién se apeaba del lujoso vehículo. «El fotógrafo nos hizo posar junto a la limusina. ¿Incluso paró el tráfico! Pasamos mucha vergüenza. ¿Qué risas!», cuenta Maialen. También logró inmortalizarlas simulando que bebían champán, «pero con copas vacías, ¿eh?», advierte, esta vez, Araiz.
El chef del Zortziko, Daniel García, les recibió con los brazos abiertos. Les enseñó los fogones y la bodega, donde les invitó a coger una botella de vino de 700 euros. «Agárrala tú, que como se nos caiga no la pagamos», le espetaron Araiz y Maialen entre risitas.
Después, llegó la cena. Todo resultó de su gusto. Especialmente, las croquetas de marisco. Quizá el pichón les pareció «un pájaro que sabía un poco fuerte». Pero el caso es que dejaron los platos como recién salidos del lavavajillas. Y el tiempo se echó encima. «Con tanta foto y tanta pose...», dice Araiz. «Tuvimos que llamar al chófer y pedirle que, por favor, nos esperase». El conductor atendió su petición si rechistar. «Se dedicó a dar vueltas por Bilbao hasta que terminamos de cenar. Qué paciencia». De postre, Daniel García les obsequió con la tarjeta del menú personalizada con sus nombres. Y así, de sorpresa en sorpresa, llegó el momento de regresar a casa. Lo hicieron a la hora que acaban los cuentos. A las doce. Eso sí, el zapato no se quedó en el camino.










