Digo lo de la 'reseñita' porque cuando tuve que buscar datos de la mayor proeza española en la vuelta a Francia, que fue la que realizó aquel pequeño ciclista de Torrelavega llamado Vicente Trueba, me costó trabajo encontrar noticias suyas. Pero como esta hazaña ya la conté con todo detalle en estos comentarios, volvamos al tema que quería desarrollar para ustedes.
¿En qué consistía para los aficionados, el espectáculo del deporte ciclista en carretera? Pues se lo diré. Se iban de excursión a algún lugar por donde sabían que pasaba la carrera y allí se quedaban en la cuneta esperando con su santa paciencia la llegada de los corredores. Al cabo de una hora de espera, llegaba al fin la carrera y ¿qué es lo que veían los aficionados? Pues veían un montón de corredores pasando a toda velocidad, y eso era todo.
Yo entiendo cualquier deporte que se desarrolle a la vista del público. Lo entiendo y entiendo que el público se entusiasme con los avatares del partido. Lo que no entiendo es un deporte que consistía en ver pasar a los deportistas a toda velocidad sin que el espectador se enterara de nada.
Hoy la cosa es muy diferente porque la televisión ofrece todo el desarrollo de la carrera en visión panorámica y explicada por expertos y el aficionado puede seguir la prueba paso a paso como si se desarrollara en un estadio ante su vista.
Por eso admiro a los aficionados de antaño. Por su fidelidad a un deporte del cual casi casi no se enteraban. Porque ya me dirán ustedes qué podían obtener de él sin radio, sin televisión y con una breve reseñita en el periódico. Eso es afición de verdad, oiga, y por eso les envío desde aquí mi testimonio de admiración.










