
En el primer caso se encuentra el polideportivo Peru Zaballa, ubicado en la playa de Ostende. Su concesión caducó el año pasado y por un «error» municipal -como reconoció el propio alcalde, Fernando Muguruza- no se solicitó la renovación del permiso, que databa de 1976. El fantasma del derribo planea sobre el equipamiento deportivo, que alberga las únicas piscinas municipales cubiertas de que dispone la localidad costera.
La amenaza, que salió a la luz a finales de 2006, ha movilizado a autoridades y asociaciones vecinales, que han recogido miles de firmas para evitar la desaparición del emblemático Peru Zaballa. Finalmente, parece que el polideportivo se va a salvar. La Delegación del Gobierno en Cantabria ha confirmado que, desde hace varios meses, Medio Ambiente «estudia no tirarlo porque hacerlo no serviría para recuperar el arenal ni el entorno».
Lo que sí corre más peligro es el hotel Miramar, que hunde sus cimientos en la misma arena de la playa de Brazomar. «La concesión se dio para que fuese un balneario y no lo es. Incumple el objeto para el que se dio el permiso y éste no se ha renovado», zanjaron fuentes de la delegación desde Santander.










