Consciente de la importancia de la educación a todos los niveles, Pedro dedicó grandes esfuerzos a la mejora de la enseñanza, tratando de que ésta fuese humana en los principios y completa en los contenidos. Ejerció como profesor durante décadas en la Universidad Comercial de Deusto y fue presidente de su asociación de licenciados. Su empuje y su tesón resultaron fundamentales para crear los colegios de Ayalde y Munabe.
Fue un hombre de profundas convicciones religiosas y de un inmenso amor por su familia. Practicaba sus creencias y predicaba con el ejemplo de su vida coherente. Ha muerto reconfortado por su fe y arropado por el amor de su mujer, sus hijos, sus nietos y su biznieto. Hoy le lloramos todos, pero los que le quisimos en vida, tenemos la oportunidad de imitarle tras su muerte.









