
Sin embargo, a sus creadores se les olvidó añadir una frase más: 'Pero sobre todo, para Justa Galdona'. Esta mujer, vecina de Mungia, asegura que en su lista de la compra nunca falta este refresco. «Cuando voy al súper, como poco, compro 'packs' de 32 latas», confiesa. La bebe siempre que puede. Empezó no sabe ni cuándo -«de cría»- en el bar de sus padres.
Pero más allá de un simple refresco o un «remedio casero para los mareos», esta bebida se ha convertido en todo un 'objeto de deseo'. En su 'objeto de deseo'. Hasta el punto de tener el garaje de casa lleno de artículos relacionados con esta marca. «Empecé a coleccionar hace cinco años. Primero sola, pero desde dos cuento con la ayuda de mis compañeros de la asociación», dice. Se refiere a Bitxikiak, una agrupación de coleccionistas de su pueblo.
Escrito «en chino»
Si se le cuestiona sobre el número de objetos que forman su tesoro, la respuesta es incierta. «Uff, ni idea». Pero su marido, José, también inoculado con el virus del coleccionismo -en su caso, de trenes-, sale al rescate: «Unas ochocientas o así». Los guarda en cajas. Y según las va abriendo, se pueden encontrar piezas de lo más variopinto. Hay, por ejemplo, espejos pequeños con el logotipo y el año grabados en una esquina. Y carteles, botellas, bolígrafos, cajitas, chapas, latas, vasos Es todo un mundo. «Lo más lejano me lo trajo de China el marido de una compañera de Bitxikiak. Es una botella con una etiqueta escrita en chino, claro».
Sin embargo, no es la 'joya de la corona'. Ese título está reservado a un cheque de 1940. «Con él pagaban los comerciantes la bebida», cuenta. Toda una reliquia que, a buen seguro, hoy valdrá bastante más que la cifra en pesetas que lleva escrita. Aunque si se habla de valor, Galdona reconoce que la pieza a la que más cariño tiene es un vaso que le regaló su amigo Iñaki García. «Para él también era muy especial, porque se lo trajo su padre», cuenta.
Lo consiguió a base de tapones. En su trabajo había una máquina de bebidas y durante semanas se dedicó a recoger todas las chapas de las botellas hasta reunir el número suficiente para canjearlas por el vaso. Todo un esfuerzo que Justa ha sabido reconocer: promete que ella no lo ha estrenado porque es una alhaja que hay que cuidar.
Pero en realidad, tampoco usará los que está reuniendo ahora: «Son los de la promoción de McDonald's». El que sí disfrutará consiguiéndolos será su marido: «¿Me tiene comiendo hamburguesas a mis 52 años!», bromea. Y es que por Coca Cola bien vale un sacrificio.
-¿Hay algo que te disguste de este refresco? Dicen que es malo para el estómago.
-Para nada. De esta marca me gustan hasta los anuncios.










