
El objetivo es destinar el prototipo racial, como raza pura y con su libro genealógico, que está a punto de publicarse, a la equitación internacional del pony. Un futuro prometedor que busca la rentabilidad de los más de 250 ejemplares vizcaínos calificados en el mercado de la monta para los niños. El proyecto, a falta de la aprobación definitiva, cuenta con el apoyo de Gobierno vasco y Diputación. De momento, explica Pedro Lana, las ganaderías han comenzado a realizar diferentes cursos de manejo y doma impartidos durante los dos últimos años por la etóloga equina y domadora Lucy Rees. Los cursos ofrecen «nociones» al criador para que pueda preparar al pony vasco para ser montado. Sin embargo, Lana insiste en que el ejercicio de la doma tiene que realizarlo un especialista. El responsable de 'Bizkaiko Pottoka' estima que en la próxima edición del certamen vizcaíno una docena de potros montados demostrarán su carácter, manejo y trote. La exhibición servirá para desarrollar una primera selección deportiva que complete a la morfológica.
Las campas de Jauregibarria reunieron a lo más selecto de un tipo de caballo que comienza a salir del peligro de extinción. Treinta y cinco cabezas y nueve ganaderos procedentes de diversas localidades vizcaínas entre las que se encontraban Trucíos y Orozko, las dos zonas que concentran el mayor número de pottokas del territorio histórico.
«El progreso genético ha sido enorme y morfológicamente se encuentran pocos defectos», destacó el veterinario y responsable del Departamento Fauna Silvestre de la Diputación, Iñaki Intxausti, que ayer fue juez de la prueba. El pony vaco, que se encuentra en su cuarta generación de cría, se acerca a la «estandarización» de una raza cada vez más homogénea.
Como juez de la prueba y autor del libro 'El pony vasco. Pottoka', Intxausti señaló que en esta ocasión no ha visto ningún defecto de estrella -corridos de pelos en blanco a nivel de la frente ni despigmentaciones del hocico- herencia de la mezcla con el caballo español. Se trata un equino resistente que se acerca a la pureza de la raza y que «no tiene nada que envidiar a un árabe», concluyó Intxausti.










