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por la soberanía de izaro
La fiesta de la Madalena recupera su «verdadera» esencia y sabor marinero
La ausencia de txosnas en Elantxobe desde 2005 traslada al mar los festejos
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La fiesta de la Madalena recupera su «verdadera» esencia y sabor marinero
NAVEGACIÓN. Decenas de embarcaciones de recreo siguieron con interés el tradicional lanzamiento de la teja. / FOTOS: MAIKA SALGUERO
«Ahora sí que se ha recuperado el verdadero espíritu festivo de la fiesta de la Madalena, donde los bermeanos somos los protagonistas», coincidieron en señalar ayer las autoridades de la villa costera en su desembarco en Elantxobe, tras lanzar cerca de Izaro la tradicional teja que reivindica su soberanía sobre el islote. Y es que a su llegada, sobre la una de la tarde, al pequeño puerto vecino, el municipio estaba desierto. La prohibición de las txosnas aplicada desde 2005 ha sido determinante para que la «marabunta» de gente que invadía antaño Elantxobe desaparezca.

«Ahora los jóvenes que vienen a 'madalenas' se reparten por Ibarrangelu, la playa de Laga, Bermeo y Mundaka y no se forman las aglomeraciones que casi echaban abajo el pintoresco enclave de Elantxobe», apuntaron las mismas fuentes.

La «verdadera» fiesta, que ha recuperado su esencia, se disfrutó principalmente en las embarcaciones de recreo de los cientos de personas que quisieron ver de cerca la arraigada costumbre, una de las imágenes típicas del verano vizcaíno.

Tras la estela del barco 'Ortube', pesquero encargado de trasladar a las autoridades, decenas de yates y lanchas se unieron al jolgorio. «Hemos madrugado para tener todo a punto: el bonito, las cigalas y el txakoli que no falte», comentó una bermeana. Tras el lanzamiento de la teja, algunos regresaron a la villa costera, mientras que otros, los más animados, optaron por continuar la fiesta en los bares de Elantxobe.

La localidad albergó a cientos de personas, un público que aumentó por la tarde, pero nada comparado con la invasión que sufría hace años este pequeño enclave costero. Los propietarios de los establecimientos hosteleros reconocieron estar «encantados» con la ausencia de txosnas. «No nos compensa sacar más caja porque al final quien sufría era el pueblo y todos teníamos que pagar los destrozos ocasionados por la masiva asistencia de jóvenes», aseguró Miren Kortazar, propietaria de la taberna Itsas Etxea. «Sólo colocar una txosna nos suponía un desembolso de 6.000 euros. Ahora trabajas tranquilamente, sin agobios y se gana bonitamente», afirmó el encargado del bar Santi.

Tras la comida en el club de remo de Elantxobe, la ruta por mar se realizó a la inversa con parada en Mundaka. Al cierre de la edición, el dispositivo de seguridad formado por medio centenar de personas apenas tuvo trabajo. «Afortunadamente, este año nada ha tenido que ver con las intervenciones de otras ediciones de las 'madalenas', cuando una herida superficial era lo menos que podía pasar», indicaron responsables de la Cruz Roja del Mar de Bermeo.
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