
«Ahora los jóvenes que vienen a 'madalenas' se reparten por Ibarrangelu, la playa de Laga, Bermeo y Mundaka y no se forman las aglomeraciones que casi echaban abajo el pintoresco enclave de Elantxobe», apuntaron las mismas fuentes.
La «verdadera» fiesta, que ha recuperado su esencia, se disfrutó principalmente en las embarcaciones de recreo de los cientos de personas que quisieron ver de cerca la arraigada costumbre, una de las imágenes típicas del verano vizcaíno.
Tras la estela del barco 'Ortube', pesquero encargado de trasladar a las autoridades, decenas de yates y lanchas se unieron al jolgorio. «Hemos madrugado para tener todo a punto: el bonito, las cigalas y el txakoli que no falte», comentó una bermeana. Tras el lanzamiento de la teja, algunos regresaron a la villa costera, mientras que otros, los más animados, optaron por continuar la fiesta en los bares de Elantxobe.
La localidad albergó a cientos de personas, un público que aumentó por la tarde, pero nada comparado con la invasión que sufría hace años este pequeño enclave costero. Los propietarios de los establecimientos hosteleros reconocieron estar «encantados» con la ausencia de txosnas. «No nos compensa sacar más caja porque al final quien sufría era el pueblo y todos teníamos que pagar los destrozos ocasionados por la masiva asistencia de jóvenes», aseguró Miren Kortazar, propietaria de la taberna Itsas Etxea. «Sólo colocar una txosna nos suponía un desembolso de 6.000 euros. Ahora trabajas tranquilamente, sin agobios y se gana bonitamente», afirmó el encargado del bar Santi.
Tras la comida en el club de remo de Elantxobe, la ruta por mar se realizó a la inversa con parada en Mundaka. Al cierre de la edición, el dispositivo de seguridad formado por medio centenar de personas apenas tuvo trabajo. «Afortunadamente, este año nada ha tenido que ver con las intervenciones de otras ediciones de las 'madalenas', cuando una herida superficial era lo menos que podía pasar», indicaron responsables de la Cruz Roja del Mar de Bermeo.











