Pero la ambición, que es la aliada de los timadores para encontrar víctimas se convirtió en este caso en su propia perdición, porque también ellos fueron arrastrados por la tentación de sacar más beneficios del negocio. Viendo que la víctima estaba ya lanzada a conseguir mas dinero 'químico', le volvieron a pedir una nueva financiación para realizar nuevas operaciones. Esto hizo entrar en sospechas al socio capitalista, que tomó la precaución de presentar una denuncia y los timadores terminaron en chirona
Temo sin embargo que esto no acabará con los timos, porque este truco de la transformación de papeles en dinero ya se había repetido anteriormente dos veces y con mejores resultados porque a una víctima le llevaron 67.00 euros y a la otra 150.000, que no son malas cifras para unas operaciones tan sencillas.
Y aquí viene ahora la consideración que yo hago cuando comento estos casos. Porque no entiendo que haya paisanos o paisanas tan ingenuos como para creer que un señor que conoce un truco para convertir papeles blancos en billetes de curso legal, venda el secreto, pudiendo dedicarse con él a fabricar todo el dinero que le dé la gana.
Sin embargo, este aparente absurdo tiene su explicación en el lema que preside siempre la actividad del timador. Es una especie de axioma que dice así: «Todos los días sale de su casa un tonto. La única dificultad es dar con él».










