Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

Estás en: El Correo Digital > Local
de cuando en cuando
El zapatero
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
DE CUANDO EN CUANDO, OLMO

Creo haber contado la curiosa anécdota doméstica en algún sitio, y si lo hago hoy de nuevo no es por repetir el tema, sino porque me he vuelto a encontrar en un periódico del año 1884 otro caso idéntico y, por ello, pienso que volver a repetir el tema no resulta fuera de lugar. Sobre todo porque habrá muchos tertuliantes que no lo leyeron y les puede sonar a nuevo.

En aquellos años del siglo XIX a las sirvientas o empleadas de hogar se las llamaba sencillamente criadas, y fue una de aquellas criadas la que dio lugar al susto que se llevó su señora un día en que le envió como de costumbre a hacer la compra. La muchacha salió de casa una buena mañana con el encargo de traer un zapatero que, como ustedes saben, es un pez teleósteo y comestible. A la muchacha le debió parecer el encargo un tanto extraño, pero como era obediente y bien mandada se fue camino de la plaza a cumplir el encargo.

Recorrió la chica el Casco Viejo, y aunque no le resultó fácil encontrar el zapatero, como no estaba dispuesta a volver a casa sin cumplir su cometido, lo encontró al fin y con la satisfacción del deber cumplido volvió a su domicilio.

El lector se puede imaginar fácilmente el susto que se llevo la señora cuando vio entrar a su criada con la cesta de la compra y acompañada de un hombre de buen tamaño vestido con un mandil y llevando una bolsa de herramientas. Me imagino a la señora con cara de susto y preguntando quien era aquel hombre, y a su criada, que con la cara mas ingenua del mundo y una sinceridad candorosa se lo aclaró: era lo que la señora había pedido, un zapatero. Y puestos a imaginar, me imagino también la decepción del honesto zapatero que soñaba quizá con un encargo interesante y se encontró con un chasco mayúsculo.

Y como me gusta siempre ofrecer pruebas de lo que escribo aquí tienen la gacetilla que se publicó el 10 de enero de 1884 (fíjense sobre todo en el comentario final): «El domingo último una señora de Bilbao envió a la criada a la plaza por un zapatero, cuyo nombre se da a determinado pescado del mar y la muchacha volvió poco después llevando en su compañía un zapatero remendón como un castillo. ¿¿Ah, sinsorga!!».
Vocento
SarenetRSS