
La nueva escultura, ubicada frente al palacio de Horcasitas, será más fiable que los relojes de bolsillo, ya que no sufrirá atrasos ni dependerá de los usos horarios. Sin embargo, el hecho de estar trabajado en piedra -sobre la cual se han labrado las muescas del segundero, minutero...- dejará un margen de error de no más de 30 segundos. Toda una proeza matemática de la que su autor, el cantero Manuel Gómez de Arenaza, se muestra satisfecho, aunque reconoce que ponerla en práctica le ha supuesto todo un reto. «Para crearlo ha sido necesario manejar más de 3.600 datos», afirma.
Cuestiones como la curvatura de la tierra, la diferencia -de unos siete minutos-- entre la hora solar de Greenwich y la de Balmaseda, o el problema de los años bisiestos han sido concienzudamente estudiados. «El reto ha sido elaborar la teoría para medir el tiempo», explica Gómez de Arenaza, algo que le ha llevado años de estudio e investigación. Sin embargo, ésta no ha sido una actividad a tiempo completo. Y es que para este cantero de 46 años la trigonometría «es una afición».
«Activar una fuente»
Una vez desarrollados los principios matemáticos, fabricar el reloj no ha sido especialmente costoso. En diciembre comenzaron a trabajar las piedras, que se empezaron a colocar el pasado día 18. Sin embargo, el montaje de los bloques no pone fin al desarrollo de este curioso ingenio, que ha sido preparado para concentrar un rayo de luz en el momento exacto del mediodía solar. Este haz será recogido por un sensor que pondrá en marcha un mecanismo. «Todavía no hemos decidido qué hará, pero probablemente sea algo relacionado con el agua, como activar una fuente», explicó el alcalde de la villa, Joseba Zorrilla. El conjunto al completo estará listo para el mes de septiembre.
A pesar de la precisión del reloj, el calendario no siempre marcará el día exacto. Esto se debe a los desajustes provocados por la forma en que se mide el tiempo, ya que cada año se compone en realidad de 365 días, 6 horas y 45 minutos. El redondeo de los picos, al añadir sólo un día cada 4 años, causa una discordancia entre la fecha solar y la real, lo que provoca que sólo en ciertos años coincidan ambos. «La casualidad ha querido que 2007 sea uno de ellos», explica su autor. En 2011 volverán a coincidir las cifras, pero hasta 2100 no lo harán de nuevo. «El universo no encaja bien en nuestro ritmo de vida», lamenta.
Al nuevo reloj de la villa no habrá que darle cuerda, ni se le acabarán las pilas. Pero su autor ha dejado inscrita en latín una advertencia sobre el día en que dejará de funcionar: «Hasta que, incapacitados para caminar sin alterar todo lo natural, juguemos con el movimiento de la tierra».










