
Jesús Urrutia, portavoz del grupo Andra Mari Gure Lurra, compuesto por los 80 vecinos que temían ver su casa derribada, fue de los que menos se sorprendieron. «Es lo que nos prometió en campaña y nos mereció credibilidad. De todos modos, haremos un seguimiento de lo que se haga a partir de ahora con el asesoramiento de un abogado y un experto en el tema que también ha llevado los conflictos de Santurtzi, de la urbanización del Golf de La Galea y de Olabeaga», anunció.
Junto a la iglesia y el polideportivo de Andra mari, centro neurálgico del barrio, Gotzon Landeta, un vecino muy implicado en la lucha contra la construcción de los 8.300 pisos, se mostró aliviado: «Se puede construir, pero no tan arriba ni tan alejado del metro, y mucho menos derribando más de 80 casas como publicaron». De todos modos, añadió que «es triste que haya habido ese enfrentamiento y que hayan tenido que llegar una elecciones para poner a cada uno en su sitio».
Otro vecino, Santiago Hormaetxea, apuntó que «tenemos uno de los municipios más bonitos de Vizcaya y esta es la última zona verde que nos queda, así que lo que se haga hay que hacerlo bien». Sin embargo, reconoció que «pisos hay que hacer, no se cuántos, pero las necesidades de vivienda van creciendo y, ahora, nuestros hijos se tienen que ir fuera porque no hay viviendas».
«Gente preocupada»
A Paola Martínez también le pareció «muy bien» la paralización. «Había mucha gente preocupada porque les iban a quitar la casa. Además esta es una zona muy tranquila y si nos quitan todas las campas de Azkorri nos quedamos sin nada». En esta misma línea, Gaizka Iturregi consideró que «la necesidad de vivienda no justifica que se haga cualquier cosa».
Por su parte, Idurre Iturrioz alabó «que vuelvan a retomar el asunto y piensen un poco en cómo utilizar los terrenos, porque parecía todo muy precipitado». En su opinión, «quizá hay que construir menos o al menos de forma más racional». Desde su kiosko de prensa, Idoia Rubián calificó de «estupenda» la renuncia. «No deberían dejar construir nada, porque esto era un pueblo y ya no lo es», advirtió. A su juicio, «si edifican en las cuatro campas que quedan sería el colmo, además, con argumentos estúpidos».









