El luctuoso aniversario ha evocado la desdicha de quienes padecieron en propias carnes la tragedia. María Teresa San Román, residente, fue una de las primeras personas que percibió el alcance de la explosión. «El estruendo fue atronador y miré por el balcón lo que había sucedido. Al principio sólo vi cascotes por el suelo, pero pronto surgió una nube de humo que casi me ahoga», rememora afligida la vecina, quien no tardó en dar aviso del suceso a las autoridades. «Llegaron enseguida, pese a todo lo que se dijo entonces», asegura.
La pesadilla sólo había comenzado. Un policía subió hasta la sexta planta -cuatro más arriba de donde tuvo lugar el estallido- y ayudó a salir de casa a María Teresa. En su camino hacia la calle, ambos fueron llamando a los timbres de los demás residentes para alertar sobre lo ocurrido. «No se me olvidarán los gritos de la gente», señala la mujer, triste al recordar a quienes perdieron entonces la vida. «Todavía me despierto muchas noches a las 4.20 de la madrugada», revela.
Borrar recuerdos
La fachada del edificio afectado ha sido rehabilitada. Las viviendas también se han ido renovando y la escalera, recién pintada, no rememora ya lo ocurrido. El ascensor funciona con normalidad, aunque sigue sin parar en la segunda planta. Las obras de reforma concluyeron hace justo un mes, en vísperas del verano. Sufragadas por los vecinos, aunque a la espera de que el juez dictamine las causas de la explosión y atribuya responsabilidades. El proceso se espera largo.
Los veraneantes, mientras tanto, han regresado a Jai-Alai. «Casi todos los apartamentos están ya ocupados de nuevo», confirma el conserje de la urbanización. La explosión es casi un tema tabú entre los propietarios, que prefieren disfrutar de su descanso sin recordar la amarga experiencia de hace justo un año. Pero no todos son tan privilegiados. Los tres integrantes de una misma familia que resultó herida de gravedad se recuperan de sus lesiones y no temen ya por sus vidas, pero siguen sometiéndose a continuos injertos de piel para borrar las quemaduras sufridas.










