El verdadero escepticismo empieza, según Ramón Gómez de la Serna, cuando dudamos si esta palabra se escribe con equis. En principio fue una doctrina de algunos filósofos griegos. Aquellos hombres que empezaron a darle vueltas a la cabeza a la sombra de las higueras llegaron a pensar que la verdad no existe o bien que el hombre es incapaz de conocerla. Ahora estamos llenos de escépticos, o sea de 'incrédulos tanto en la causa como en el efecto'. Los españoles, quizá debido al empacho informativo, se han desinteresado por la política, que es algo que debe interesarnos a todos. Está claro que el nombramiento de un nuevo ministro en el equipo de Gobierno interesa menos que la contratación de un nuevo futbolista en el equipo del Madrid. También parece que los primeros viernes de mes apasionan en menor medida que los primeros partidos de Liga. ¿Será verdad que somos así? Han tenido que darse muchas milagrosas conversiones al agnosticismo, sin que a nuestros compatriotas se les haya aparecido nadie en la copa de un árbol y hablándoles de tú.







