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Abandoibarra impone otra mirada
Las perspectivas visuales más comunes de Bilbao están cambiando, para bien o para mal, ocultas por los nuevos edificios emergentes entre el Guggenheim y el Euskalduna
29.07.07 -
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Abandoibarra impone otra mirada
BARRERAS PARA LA VISTA. El edificio de viviendas de Vallehermoso ha taponado el eje visual entre el Museo de Bellas Artes y la alameda Mazarredo, de forma que ya es imposible ver el Guggenheim desde aquí. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO : IGNACIO PÉREZ
Si alguien quiere ver cómo crece una ciudad, sólo tiene que darse una vuelta por Abandoibarra. Mejor aún, echar un vistazo. Más de uno se sorprenderá al comprobar el avance de las obras, de su tamaño, de un desarrollo a lo alto y a lo ancho que ya tiene repercusiones de largo recorrido a pie de calle. El nuevo paisaje de hormigón y ladrillo que se está levantando día a día a los ojos de todos ha cambiado por completo nuestra visión de la ciudad. Para bien o para mal.

Las perspectivas más habituales del 'botxo' están desapareciendo, ocultas por los nuevos edificios. Es difícil, casi imposible en algunos casos, ver desde aquí las verdes laderas de Artxanda y del Pagasarri, la ría, la Universidad de Deusto, el Ensanche y el Guggenheim, la última pieza en incorporarse a las referencias visuales más familiares cuando uno camina por Bilbao.

Los edificios que darán forma a Abandoibarra como centro neurálgico de la vida en la capital vizcaína han alterado los ejes visuales, porque así ha sido siempre cuando una ciudad se desarrolla en busca de prosperidad. Aunque aún faltan unos cuantos años para que esta zona entre el Guggenheim y el Palacio Euskalduna esté al completo, es posible percibir el cambio. Está a la vista.

Además de los dos emblemas urbanos anteriores, este paraje ya tiene levantado un buen número de las piezas dibujadas sobre plano, firmadas por los arquitectos de renombre del momento: el centro comercial y de ocio Zubiarte (Robert Stern) , el hotel Sheraton (Ricardo Legorreta) y un edificio de viviendas (Luis Peña Ganchegui). En obras, muy avanzadas, se encuentran por este orden un bloque de pisos de Vallehermoso (Eugenio Aguinaga) y la biblioteca de la Universidad de Deusto (Rafael Moneo).

Un paseo por la zona permite ver el cambio actual y el que se avecina. Junto al Museo de Bellas Artes, bajito, integrado en los árboles del parque de Doña Casilda, sobresale el edificio de Vallehermoso. 'Tapona' el eje de alameda Mazarredo, por el que antes se veía la Campa de los Ingleses -reservada ahora para un parque-, el puente de La Salve y, desde hace diez años, el Guggenheim. Ahora lo domina todo el bloque de pisos, de forma curva y compuesto por siete plantas, más ático y bajos comerciales.

El bloque 'no previsto'

Este edificio no entraba en los planes originales y su construcción obedeció a la necesidad de cuadrar las cuentas cuando la Diputación reclamó más espacio para la que iba a ser su torre y, posteriormente, renunció al proyecto. Ya lo avisaron sobre el plano los técnicos de Bilbao Ría 2000, gestor de toda la 'operación Abandoibarra'. Advirtieron hace cinco años de que esa pieza 'no prevista' podía distorsionar la armonía alcanzada en el conjunto, ideado por César Pelli.

No será el único edificio en este gran solar, pues quedan por hacer cinco más destinados a viviendas, motor financiero de la regeneración de la zona. Se edificarán dos bloques a la vera de la torre Iberdrola. Los otros tres se levantarán en hilera hacia el Sheraton, cortados por calles que desahogarán el conjunto. Algunos verán en estas construcciones una muralla que cerrará la vista hacia los montes del valle. Otros considerarán que el 'sky line' de nuevo cuño abrirá perspectivas, con el rascacielos, de 40 plantas, y las nuevas fachadas cortando el cielo.

El parque de Doña Casilda puede minimizar el impacto visual de los nuevos bloques -de hecho, ya lo hace con el hotel y los pisos cercanos-. Desde la calle María Díaz de Haro, el peatón se ha familiarizado con el paisaje. Al fondo, aparece la colorida obra del mexicano Legorreta, entre los árboles.

Pared de hormigón

Pero cuando los ejes visuales a pie de calle se dan de bruces con una pared de hormigón, la cosa cambia por mucha firma de prestigio que tenga la obra. Es difícil acostumbrarse al 'frontis' del edificio de Tráfico que se ve desde la plaza del Sagrado Corazón, aunque ya lleva décadas insertado en el panorama urbano. El impacto es mayor desde que se hizo el Euskalduna.

Uno aún puede disfrutar de las panorámicas que se presentan por el camino. La ría ofrece algunas de las mejores, sobre todo gracias al paseo que la bordea. Otras tienen los días contados, por ejemplo, Lehendakari Leizaola hacia Mazarredo. Por allí surgirá en 2011 la torre de Pelli, flanqueada por sus bloques satélites.

El nuevo perfil es más que evidente si uno se fija en Zubiarte, inspirado en el edificio Aznar, según su autor. No queda más remedio, pues su volumen domina el frente de la ría, a pesar del enconado debate municipal de los años noventa. Entonces, el tamaño del que se conocía como 'macrocentro' comercial fue cuestionado por partidos y vecinos. Sin espacio, dicen los promotores, se pierde rentabilidad.

Por esta ribera aparece también muy crecida la biblioteca de Moneo, de cuatro plantas. A su lado se edificará el paraninfo de la UPV, con el que concluirá la construcción de Abandoibarra, nueva tarjeta de presentación de la ciudad. Como resumen, la terraza del Guggenheim ofrece una buena panorámica de lo que es y de lo que será esta zona dentro de cinco años. Según como se mire.
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