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3.000 personas viven la tradición carbonera en la feria de la Hoya
El Valle de Villaverde celebró su fiesta más popular con una muestra de artesanía, ganado y alimentación
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3.000 personas viven la tradición carbonera en la feria de la Hoya
CON HISTORIA. La Hoya estaba formada por más de 15.000 kilos de madera. / FERNANDO GÓMEZ
El Valle de Villaverde tenía ayer el aroma de la tradición, que en su caso es el de la leña y el humo. Y es que este municipio cántabro mantiene el olor de antaño gracias a la feria de la Hoya, celebrada este fin de semana. Una muestra de ganado, artesanía y productos de alimentación, durante la cual sus habitantes recuperan el antiguo proceso de obtención del carbón vegetal. Para ello forman un horno artesano cuyas paredes se componen de helechos, tierra y ceniza. Una práctica que se perdió tras la guerra civil. Para su elaboración los carboneros llegan a utilizar hasta 15.000 kilos de leña, de los cuales recuperan aproximadamente seis mil.

Unas 3.000 personas se acercaron ayer a la treintena de puestos de este certamen. Queso tradicional, pastel vasco y manualidades copaban los expositores de esta octava edición. Aunque la muestra ya cerró sus puertas, todavía sale humo de la hoya. La organización del certamen, la Asociación cultural Tejea, levantó el horno artesanal el día 21 y no podrá abrirlo hasta mañana, ya que para producir carbón necesita al menos diez días. Durante todo ese tiempo dos personas hacen guardia al calor de las ascuas en turnos de doce horas. Están pendientes de que no se forme ningún surco en las paredes del horno que pudiera permitir el paso del aire. Si eso ocurriera, la madera ardería y sólo quedarían cenizas. «En los años 20 formaron una pira en los montes de Ordunte, y cuando ya estaba lista bajaron al pueblo a celebrarlo. La leña volvió a prender cuando nadie la vigilaba y se perdió el trabajo de tres meses», relata el secretario de Tejea.

Al peligro de perder el carbón se suma el del calor, ya que el horno en el que se cuece la madera alcanza los 900 grados. Las elevadas temperaturas, el humo, la constante vigilancia y la lejanía del hogar eran las principales dificultades que tenían que soportar los antiguos carboneros, a los que Villaverde rememora. Un merecido homenaje en opinión de Iñaki Arco, uno de los responsables de vigilar la pira. «Para nosotros es duro y somos dos encargados con una hoya, cuando antiguamente cada persona tenía que cuidar hasta de tres al mismo tiempo», advierte.
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