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114 años de historia
El Puente Colgante aplicará la tecnología más puntera para mejorar su conservación
El transbordador contará con un sistema informático especial para valorar al momento cómo está la estructura
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Conservar el Puente Colgante en plena forma se ha convertido en una obsesión para la empresa que lo gestiona desde 1996, El Transbordador de Vizcaya S.A. Esta firma invirtió más de tres millones de euros en una puesta a punto que culminó en 1999, relanzó su tirón turístico hasta convertirlo en el segundo monumento más visitado del territorio -sólo superado por el museo Guggenheim- y promovió su declaración como primer Patrimonio de la Humanidad del País Vasco. Después de tanto esfuerzo, no quiere que nada pueda afectar a la centenaria estructura y, por eso, ha diseñado un proyecto que garantice «para siempre» su actual lozanía.

«El plan diseñado exige el mayor grado de delicadeza, porque la idea es que nos permita acometer labores de mantenimiento o restauración sin parar la actividad del puente en ningún momento», explica el presidente de la compañía, José Martín Uriarte. El Transbordador de Vizcaya ha logrado la implicación de seis empresas de prestigio internacional especializadas en trabajar con montajes.

La base de esta actuación consistirá en el diseño de un modelo informático denominado «de elementos finitos». «Se trata de un programa que dibujará un plano del puente en todas sus dimensiones y con todas sus piezas perfectamente identificadas», explica Martín Uriarte. El objetivo es disponer en todo momento de un diagnóstico actualizado del estado de la estructura y su gran ventaja es que proporcionará una información previa de «la más mínima consecuencia» que tendría actuar en cualquier punto del monumento. «En una construcción con 114 años de historia, cuando se trabaja en una zona, se puede resentir otra», aclara.

Pasarela apoyada

Este sistema será fundamental en la futura conservación del Puente Colgante y, en especial, en la complicada tarea de sustituir los cables que lo mantienen en pie, labor que se podría prolongar más de cinco años. Estos cables reciben el nombre de cordón, de torsión alternativa o Arnodin -en homenaje a su inventor-. La estructura tiene ocho de estos 'tensores', de 400 metros de longitud cada uno, que sobrevuelan las cuatro torres y mueren anclados en ambas orillas. Gracias a ellos se sostiene el travesaño horizontal que desde 1999 ejerce como pasarela peatonal y que, en realidad, sólo está 'apoyado' en los imponentes pilares metálicos verticales. El puente también cuenta con otros ocho vientos laterales, cuatro en cada orilla.

Cada cable tiene 65 milímetros de grosor y está compuesto por 130 alambres de acero superpuestos en 34 capas alternativas de izquierda a derecha. Ninguno ha sido cambiado desde que el coloso de hierro fue reconstruido en 1941, tras los bombardeos que lo dañaron gravemente en los estertores de la Guerra Civil. Un estudio elaborado por el equipo de mantenimiento del puente detectó que, en 20 puntos, las superficies más expuestas a la intemperie presentaban pequeñas zonas dañadas. Estas áreas ya fueron reparadas con «vendajes especiales» consistentes en planchas de acero galvanizado empleadas en reparar torres de alta tensión y que, en su interior, llevan incorporadas unas sales minerales para agarrarlas a la estructura de alambre a modo de soldadura.
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