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«Esto es de película de Torrente»
Dos jóvenes se llevan una máquina tragaperras del batzoki de Basauri porque se estropeó y no daba el premio
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«Esto es de película de Torrente»
EL RASTRO. Uno de los camareros señala el surco que dejaron al arrastrar la tragaperras. / MITXEL ATRIO
En ocasiones hay sucesos, siempre que las consecuencias no vayan a mayores, que parecen de broma. Uno de éstos que queda para el anecdotario ocurrió el domingo por la noche en el batzoki de Basauri. Como dice el responsable del establecimiento, aquella fue una historia «propia de una película de Torrente».

Los protagonistas: dos clientes, imputados posteriormente en el robo de una máquina tragaperras, el camarero y el encargado del local, los vecinos de la calle Uribarri de la localidad vizcaína y la Ertzaintza, cuya comisaría se encuentra a escasos metros del batzoki central de Basauri.

Allí entraron, pasadas las siete de la tarde del pasado domingo, dos jóvenes que se dispusieron a probar fortuna en la máquina de los colorines, nada fuera de lo habitual. «Uno es del barrio. Vive en un portal cercano y le conozco a él y a su mujer», explicaba ayer el encargado. La suerte no parecía querer sonreír a los jugadores y la máquina engullía con voracidad toda moneda que caía.

Los dos jóvenes, que rondan la treintena, insistían una y otra vez mientras tomaban sus consumiciones. Pero ni el azar ni las leyes de la probabilidad estaban de su lado. Tres horas después, sobre las diez de la noche, la máquina se apagó. El aparato dejó de funcionar y encendió la cólera de los dos jóvenes, que empezaron a reprochar a los responsables del batzoki una avería que cercenaba las posibilidades de llevarse el premio. «Llamamos al servicio de mantenimiento, pero nos saltaba un contestador. Era domingo por la noche y no podíamos hacer nada hasta el lunes», relató el encargado.

Argumentos que, lejos de convencer a los jugadores, caldearon aún más los ánimos. «Comenzaron a perder los nervios y a gritar que querían su dinero y que si no, se iban a llevar la tragaperras a cuestas». En previsión de que «las cosas se podían poner violentas», los responsables del bar, que en ese momento se encontraba vacío, avisaron a la Ertzaintza. «No quisimos enfrentarnos a ellos para no desatar una pelea», justificó el hostelero.

Sin oposición, los dos hombres desenchufaron el aparato y comenzaron el 'traslado' de la máquina fuera del bar. Una tarea complicada porque la tragaperras «mide dos metros de altura y pesa unos cien kilos». Mientras, el camarero y el encargado se limitaban a observar el rumbo que tomaban los jóvenes, cargados con el aparato.

En el ascensor

Lo arrastraron unos metros por la calle -de hecho, ayer aún eran visibles los surcos que dejó el 'traslado' por la acera-, y se dirigieron al portal de un edificio cercano, donde reside uno de los dos jugadores. El rocambolesco espectáculo fue seguido por decenas de vecinos que salieron a las ventanas para comprobar a qué obedecía «tanto alboroto». «La querían subir en el ascensor y esconderla en su trastero», detallaron desde el batzoki. Y en éstas estaban cuando llegó la Ertzaintza.

La Policía autónoma tiene la comisaría en las proximidades y los agentes procedieron a detener a los dos jóvenes -cuya identidad no ha trascendido- acusados de un delito de hurto.

Entonces, los responsables del establecimiento recogieron la máquina y la devolvieron, no sin esfuerzo, a su rincón habitual en el batzoki, donde estos días la buscan los clientes. Pero «tanto trajín no ha dejado ni una pieza en su sitio y la hemos tenido que mandar al taller», apuntaron. La ausencia de la tragaperras, sin embargo, no ha hecho que los parroquianos se olviden del asunto, que estos días es centro de conversaciones y objeto de bromas.

«Todos hacen chistes y algunos me piden cambios para la máquina», reconoció divertido el encargado, que ayer se tuvo que personar en el juicio rápido que se celebró en Bilbao contra los dos jóvenes. La sentencia se conocerá en pocos días.
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