Tumbada sobre la toalla, con el móvil pegado a la oreja y un pañuelo que le recoge el pelo, es la viva imagen de la placidez Ni siquiera Aitana se atreve a dar pataditas. Y las olas de La Arena vienen y van, como una canción de cuna. «El médico me ha dicho que saldré de cuentas el 1 de septiembre», adelanta la futura mamá. Se llama Belinda Martínez, tiene 34 años y reside en Miranda de Ebro con Edu y la pequeña Janire, que ya ha cumplido siete.
El sol cae en picado, pero Belinda ni suda. Impecable, como si acabara de salir de casa. La genética ayuda: su prima coincidió con Anne Igartiburu cuando ambas hacían sus pinitos en una academia de modelos. Ella va por el segundo hijo y cualquiera lo diría. «Me recupero enseguida, es verdad. La gente me calcula 29 años. En cambio a Edu, curioso, siempre le echan más. Y eso que tenemos la misma edad». Él se encoge de hombros a su lado, con Janire cogida de la mano. Con 1,90, perilla, bigote y 95 kilos modelados por el deporte, sólo le falta el turbante y la túnica de seda para parecer Solimán el Magnífico, en jornada playera con sus dos mujeres y a la espera de una tercera.
TEXTOS:
PERFIL
Residencia: Miranda de Ebro.
Edad: 34 años.
Actividad: Ama de casa.
Playa: La Arena, en Muskiz.
Imparable: A pesar de estar embarazada de ocho meses, no ha dejado de conducir. Sólo le pasa el coche al marido en los viajes largos.
Ideal: «La playa sería perfecta si en lugar de arena, tuviera hierba».
Los tres acaban de llegar a Muskiz por el capricho del marido. «Siempre pasamos el día en Sopelana y hoy a la mañana, le ha dado por cambiar». Un antojo azuzado por la nostalgia: la familia paterna de Edu es de origen vasco, de la margen izquierda, y hacía 12 años que él no pisaba La Arena. «Dice que una vez vinimos antes de casados, pero yo ni me acuerdo», confiesa Belinda, con una sonrisa feliz. Mucho ha llovido desde entonces. Tanto, que ella sólo retiene lo más cercano: las vacunas de Janire, los catarros, las medallas y copas que ha ganado como nadadora... «¿Está en la Federación de Álava desde los cinco años!», revela con orgullo. Y señala a lo lejos, hacia el mar, donde la niña se divierte con su padre. Son como dos gotas de agua. Fuertes, altos y de mirada limpia.
Belinda ya no se atreve a bracear como antes, como mucho se mete hasta la cintura. Por lo demás, aclara que lo suyo es «el estilo rana». Suficiente para mantenerse a flote y echar para adelante. Que de eso sabe mucho: es ama de casa, Edu trabaja en una fábrica de Miranda y ella nunca deja de acariciar proyectos. «Ahora hay que prepararse para la llegada de Aitana, que todavía no me han dicho cómo viene. Con Janire estaban seguros de que sería pequeña y luego, pesó más de cuatro kilos...». Sea como sea, la recibirán con los brazos abiertos. Los tres querían una niña.
Como un sultán
La Arena empieza a llenarse: toallas, sombrillas, aletas, neveras, mochilas... se van desperdigando. Comen terreno pero sin llegar hasta la familia de Belinda. Buscaban paz y la han encontrado.