
PERFIL
-¿Qué tal, hijo?
-Bien, bien...
María Luisa no le quita el ojo. El chico está cogiendo color, se ha echado bastante crema y ha comido bien. Lo justo. Óscar ha perdido cincuenta kilos tras una intervención que le ha reducido más del 90% del estómago y debe cuidarse. «Me operaron hace ocho meses y sigo de baja. Me estoy recuperando despacito-despacito. Voy al gimnasio, paseo mucho y vengo siempre que puedo a la playa. Me encanta tomar el sol, la tranquilidad y un chapuzón de vez en cuando. No pido más...», murmura Óscar, con los ojos entrecerrados, verdes y plácidos como los de un gato persa. Viene de Barakaldo, donde reside con sus padres, y ya ha tenido tiempo de tostarse por un lado y otro. «Nunca me marcho más lejos, no aguanto el tráfico hasta Sopelana...». Y estira los brazos, lentamente, músculo a músculo, hasta que se despereza del todo.
Ha cumplido 36 años y se gana la vida como conductor de ambulancias: hasta hace poco, las comidas a deshoras eran su pan de cada día y el ulular de la sirena no cesaba ni cuando dormía. Le costaba desconectar. Ahora, en cambio, parece haber alcanzado el nirvana... Mide 1,64 y se ha estabilizado en 80 kilos, vive con la mente en blanco y sólo se le dispara el pulso con las películas de acción. «Me apasiona el cine, el otro día vi 'Next', con Nicolas Cage, y lo pasé genial». Pero tampoco quiere perderse la última de Harry Potter y 'Los Simpson'. Óscar es un hombre de gustos variados: lo mismo se pone bañador corto o tanga, que practica el nudismo.
Desnudo
«¿Complejos? Ninguno. Yo me he ido a Larrabasterra con 130 kilos. A broncearme y bañarme desnudo». Desde muy jovencito, se ha empeñado en romper moldes; gran aficionado al deporte, jugaba al fútbol y baloncesto sin preocuparse de la portería o la canasta. Su único objetivo era «pasar un buen rato con la cuadrilla». Como los felinos, dosificaba sus energías al máximo. Un salto, una carrerita y poco más.
Este verano, se aferra a esa estrategia tumbado en la playa. «Lo único que me apetece es ir poquito a poco. Ya llegará septiembre y tendré que reincorporarme al trabajo». Se pasa la mano por la frente y sonríe. El tiempo vuela pero, mientras tanto, cada día de agosto le pertenece. Y esto no ha hecho más que empezar...










