
Ver faenar a estos dos jóvenes es todo un espectáculo. Convierten troncos de madera, de aproximadamente unos 100 kilos de peso y más de metro y medio de diámetro, en todo tipo de muebles. «En una hora montan un comedor», bromeaba uno de los organizadores de las fiestas de San Esteban, en Gordexola, donde ayer estos dos virtuosos de la motosierra realizaron una exhibición.
«Es una labor difícil, porque hay que trabajar mucho con la punta de la hoja y al mismo tiempo son troncos muy gruesos», reconoce Arana. Para los meticulosos cortes que tienen que realizar es necesario sujetar con mucha fuerza la motosierra, que pesa alrededor de 12 kilos. «Las hay más pequeñas, pero nosotros necesitamos que sean potentes porque la figura tiene que estar lista en poco tiempo», explica.
Porque la gracia de su espectáculo estriba en que la gente pueda adivinar enseguida lo que están haciendo. «Hay otro grupo en Navarra que también talla figuras en madera, pero las hacen de varias piezas y tardan más en terminarlas», afirma Itxaurraga. La escasez de tiempo no les permite pararse a tomar medidas, por lo que tienen que usar el ingenio para determinar el lugar por el que hacer el corte. «Utilizamos la hoja de la motosierra para calcular las distancias entre los tajos», detalla.
Cruz del Gorbea
En ocasiones, sin embargo, han emprendido proyectos más complejos. «Hace dos años, en la feria de Expovacaciones, tallamos una cruz del Gorbea de cinco metros de altura en un tronco de más de tres toneladas», se enorgullecen. Pero estos proyectos presentan un inconveniente de difícil solución. «Cuesta mucho dar con la madera», advierten, ya que al ir todo en una pieza necesitan trabajar con leños enormes. Además está el problema del precio. Estos árboles pueden llegar a los 3.000 euros.
Donde sí hay materia prima es en estos dos veloces carpinteros, que ya a los 12 años se arriesgaban con la motosierra. Arkaitz luce una cicatriz en su pierna izquierda, prueba de su temprana afición. «Me hice un corte hará unos 14 años, y me tuvieron que dar más de 60 puntos», confiesa. A pesar de todo sostiene que nunca han tenido miedo a la herramienta. «Me gusta toda la maquinaria que meta ruido y sea peligrosa», asegura.
Arriesgado o no, lo que ellos hacen sin duda es complicado. «Es más una cuestión de maña que fuerza», mantiene Igor, para quien la dificultad radica en conducir la hoja y no en castigar la madera. «Si te pones rígido sujetando la máquina no haces nada, tienes que saberla mover por el tronco», asevera. Todo para que, en cuestión de minutos, un leño se convierta en una obra de artesanía a golpe de motosierra.










