
Responsables de fundiciones y de otras empresas vizcaínas dedicadas a la recuperación de metal se quejan de la impunidad con la que actúan los ladrones. «Lo peor de todo es que están identificados, pero nadie hace nada. ¿Hasta la Ertzaintza está harta!», se lamentan varios empresarios de la comarca del Duranguesado, que se confiesan «acosados» y en vigilia permanente.
«La inmensa mayoría de los empresarios que sufren robos en este tipo de negocios no lo denuncian porque es una verdadera pérdida de tiempo», advierten desde la Asociación de Recuperadores del Metal del País Vasco (Armetal). Desde la agrupación de fundidores, sin embargo, guardan silencio y aclaran que el asunto «no ha sido tratado todavía en el Círculo de Empresarios del Duranguesado».
Las empresas afectadas afirman que los intentos de robo se repiten cada mes, con un 'modus operandi' siempre similar. «Nos vuelven locos. Se pasan todo el día de aquí para allá, pero con una ruta diseñada hasta que consiguen lo que quieren. Están identificados, hasta sabemos cuáles son las matrículas de sus furgonetas, pero nadie hace nada», apuntan molestos ante la falta de medidas contundentes que pongan freno a los robos. «No hay quien lo aguante», insisten.
Los ladrones saben bien lo que buscan y «lo encuentran, por mucho que nos empeñemos en esconderlo». En el caso de las fundiciones van directamente a por las aleaciones. «Parece que vienen a robar bajo pedido, como si alguien les contratara para conseguir cromo o níquel. Saben cuál es la más cara de todas las aleaciones», detallaba Teodoro Espinosa, responsable de Fumbarri, fundición de Durango que se ha visto perjudicada por pérdidas que cifran «entre 2 y 4 millones de las antiguas pesetas», en varios robos. Sólo a lo largo del pasado mes de junio se vio afectada por un total de cuatro, dos en un mismo día, a lo largo de tres fines de semana consecutivos.
Robo de mobiliario urbano
Conocedores de las prácticas de los ladrones, responsables de la Asociación de Recuperadores del Metal del País Vasco apuntan también que los delincuentes han cogido sus propios 'hábitos'. «Ahora parece que se ha puesto de moda el robo de mobiliario urbano de acero inoxidable, porque este material se cotiza muy alto, al igual que el cableado de cobre. En algunos polígonos industriales levantan las arquetas eléctricas y atan las furgonetas para arrancar todo el cableado», describen antes de detallar que el precio del cobre también se ha incrementado en los últimos años. «Si hace unos tres años costaba 1,80 euros el kilo, ahora puede alcanzar hasta 5,4 euros en el mercado», concretan.
«Desprotegidos», «totalmente indefensos» y ante la amargura de quien se sabe impotente ante tan «incomprensible» panorama al que «no se hace frente», los afectados coinciden a la hora de reivindicar el cambio de la legislación. Censuran que la actual no pone límites a los sucesivos hurtos a los que chatarrerías y fundiciones, en su mayoría, se están viendo obligados a hacer frente en los últimos meses.
La impunidad, en su opinión, permite a estos delincuentes que «campen a sus anchas, a plena luz del día e incluso en horas de trabajo. Los juicios son rápidos, no duran más de tres minutos y a los imputados sólo se les condena al pago de 300 euros de multa. Con esta sanción, en cuanto termina la vista van a otra fundición y con lo que roban tienen de sobra para pagar la sanción», protesta el gerente de Fumbarri.
«Hay que ser más estrictos para que se les acabe el chollo», instan desde la Asociación de Recuperadores de Metal del País Vasco, que al igual que el resto de afectados expresan su rabia y hastío ante una «ineficaz actuación». «Los ladrones saben que por ley no les hacen nada, y lo único que hacen es reírse de todo el mundo. Esto es un verdadero cachondeo. Hasta que algún día pase algo gordo». Las mismas fuentes afirman que las alarmas saltan sobre todo los fines de semana. Es el caso de la firma Hirumet de Atxondo, donde se han activado hasta medio centenar de veces en tan sólo seis meses.










