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La galerna anunciada no llegó, pero el oleaje obligó a desalojar muchas playas
El fuerte viento y las peligrosas corrientes obligaron a cerrar al baño la práctica totalidad de los arenales de Vizcaya
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La galerna anunciada no llegó, pero el oleaje obligó a desalojar muchas playas
FUERTE OLEAJE. Un pescador desafiaba ayer los temibles golpes de mar en un acantilado de Castro Urdiales, donde poco después rescatarían a una persona. / SERGIO GARCIA
Miles de vizcaínos se llevaron ayer un buen susto cuando los socorristas de la mayoría de las playas del territorio ordenaron el desalojo inmediato de los arenales por la inminente llegada de una peligrosa galerna, como ya sucediera el pasado 15 de julio. Afortunadamente, esta vez el aviso quedó, al final, en una falsa alarma, ya que sólo se registraron algunas rachas de fuerte viento. Eso sí, en la mayoría de los enclaves costeros de Vizcaya y la vecina Cantabria ondeó la bandera roja por el fuerte oleaje.

La alerta por galerna -un fenómeno que se caracteriza por un repentino cambio de tiempo en el litoral, con vientos huracanados y olas de varios metros de altura- había sido lanzada tanto por la agencia vasca de meteorología, Euskalmet, como por el Instituto Nacional de Meteorología (INM). Pese a ello, las playas de Vizcaya se llenaron desde primera hora de la mañana con miles de personas que huían del intenso calor que había azotado el fin de semana el interior de la provincia y los grandes núcleos de población.

A las once de la mañana, la situación era normal en La Arena. El sol brillaba y nada hacía presagiar que el día de playa se fuera a «fastidiar». Sin embargo, al filo del mediodía, el viento roló a componente norte. En el horizonte apareció una densa bruma, mientras que blancas manchas de espuma empezaron a salpicar el mar. «Es lo que popularmente se conoce como 'borreguitos' y suele ser sinónimo de galerna», explicaba un socorrista. «Yo he visto muchas y ahora mismo tiene toda la pinta de que se desencadene», advertía el joven.

Finalmente, a las 12.30 horas, un mensaje por megafonía sembró el desconcierto y la desilusión entre el gentío que abarrotaba La Arena: «Por favor, desalojen la playa. Se acerca una galerna», repitió la voz hasta en tres ocasiones.

Miles de personas comenzaron entonces a recoger sus sombrillas y toallas. «Nos vamos, porque aquí ya no hay quien pare. El viento nos está echando encima toda la arena y pica», aseguraba Adela, vecina de Santurtzi. Otros no hicieron caso del inquietante aviso y decidieron quedarse por su cuenta y riesgo. «Yo aguantaré hasta el último momento. No me da miedo», se envalentonaba un joven.

Rescate en Castro

A las 13.00 horas, la playa se encontraba casi vacía. El mar estaba embravecido y las corrientes eran muy fuertes, así que ni siquiera los surfistas permanecían en el agua, conscientes de que la situación podía empeorar. Y es que ayer se alcanzaron olas de hasta 2,88 metros, según los datos recogidos por Euskalmet en la boya de Getaria. En Castro, un pescador tuvo que ser auxiliado por un barco de la DYA tras caer al agua desde un acantilado. El hombre resultó herido y «tuvo suerte de sobrevivir», según relataron sus rescatadores.

Por fortuna, la galerna no llegó y, a media tarde, se dio por extinguida la alerta. El viento dejó paso a la lluvia. Para hoy se espera que las temperaturas bajen de forma muy acusada. De hecho, Euskalmet ha pronosticado que los termómetros alcanzarán como máximo los 20 grados. Asimismo podrían producirse fuertes tormentas.
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