
Vestidos de blanco, con la faja roja, zapatillas de cáñamo y el pañuelo de color. De esta guisa precedieron los danzantes a su Virgen de las Nieves, en filas de a dos y haciendo girar los arcos que ellos mismos han confeccionado la víspera. «Se elaboran con varas de espino o avellano, cubiertas de un engrudo a base de harina y agua, y con papel de seda de colores», explica Enrique Cano, uno de los participantes del ancestral baile. Esta celebración tiene pocos secretos para él, no en vano ha formado parte de la misma los últimos dieciséis años. «Viene de familia», dice.
Y es que en Lanestosa no se resignan a perder su tradición más popular. Por eso desde los 80 animan a los niños a que tomen parte de la misma. Un privilegio que les exige esfuerzo y práctica, como en el caso de Iñigo Solana Crespo, de 7 años. Participa por primera vez en esta fiesta que se celebra cada 5 de agosto y para asistir a los ensayos ha pasado la última semana residiendo en el municipio encartado, en casa de su abuelo, Juan Ignacio Crespo. «Es lo más bonito que hay», asegura este nestosano de 65 años, quien de joven formó parte de la celebración hasta en 18 ocasiones. «Entonces se llevaba un pañuelo rojo que yo heredé de mi padre, el cual lo había recibido de mi abuelo», detalla. Pocas cosas han cambiado desde que él era uno de los dantzaris, aunque recuerda la vez «hasta 12 'Crespos' bailaron los arcos». El remplazo parece garantizado. Después de todo este vecino de la villa tiene otro nieto de 4 años, que pronto se anudará el fajín rojo.
Un baile sin ellas
Quien también lleva esta tradición en la sangre es José Manuel Irastorza, autor del libro 'Lanestosa, su danza y sus danzantes'. «Esta fiesta es nuestro patrimonio más querido», reconoce. Él mismo bailó bajo los arcos en su juventud, pero eso no es ninguna rareza, ya que para él la excepción la componen los pocos nestosanos que no han participado en esta costumbre. «Es como el que nace en Bilbao, que tiene el traje del Athletic desde pequeño», afirma. «En cuanto nace un niño, ya tiene su pañuelo de danzante».
No ocurre lo mismo con las féminas del pueblo, que quedan fuera de la tradición. «Está demostrado que cuando entran mujeres en una danza de este tipo, a los 15 años ya sólo la bailan ellas», defiende Irastorza. Sin embargo, no todos opinan como él. «De aquí a diez años seguro que también participan las chicas», sostiene Cano. Aunque hace dos años ya se intentó que las vecinas del pueblo bailaran los arcos, no faltaron voces que se opusieron. «Hubo incluso quien dijo que por encima de su cadáver», recuerda Irastorza. Pero la sangre no llegó al río. Después de todo, el lugar de honor ya tiene nombre de mujer: la Virgen de las Nieves.










