
Porque este abogado nacido en Tudela el 25 de septiembre de 1954, asesor jurídico y funcionario de carrera del Gobierno de Navarra, está catalogado como un socialdemócrata clásico -convencido pero sin dogmas- y, aunque nadie le recuerde como un militante especialmente destacado, lo cierto es que ha estado al pie del cañón en las crisis del PSN, aparte de desempeñar -como profesional- una activa función pública; primero en el Departamento de Ordenación del Territorio del Gobierno foral (1983), luego como director de Administración Local y, entre 1995 y 1996, como consejero de Salud y Bienestar Social, entre otros cargos. De este último cesó y dejó la política activa tras la dimisión del presidente Javier Otano por el escándalo de la 'cuenta suiza'.
«De poco discurso»
El secretario general del PSN Juan José Lizarbe convenció en 2000 a Puras para que regresara a la primera línea. Responsable de un acreditado bufete y bien situado en la sociedad navarra, aceptó por esa misma fidelidad a una ideología y a un partido que, a la postre, puede haberle llevado a la renuncia. Porque muchos entienden su apuesta por un pacto con Nafarroa Bai -él, que se sitúa a considerable distancia de los nacionalismos- e IU como un gesto de lealtad hacia sus bases y de acatamiento del deseo de la militancia de desalojar a UPN y forjar un gobierno de izquierdas.
Quizá en su ánimo estuviera también fomentar un Gabinete socialista que, a la larga, engrasara la tensa relación entre la dirección del PSOE y las bases navarras. No resulta tan extraño. Como ejemplo, Cataluña.
Miembro del comité local y regional del partido, parlamentario foral en 2003 y secretario de Política Institucional desde 2004, sí puede afirmarse que los vaivenes de su gestión tras el 27-M -negociaciones con Na-Bai, UPN y, de nuevo, Na-Bai- han provocado perplejidad. Y es posible que nunca se sepa qué ha pasado por su cabeza en estas semanas, dado su «carácter reservado» que en ocasiones se traduce como ambiguo o falto de fuelle para el «cuerpo a cuerpo». «Tiene escaso liderazgo político y social y muy poco discurso. Es ambiguo y se refugia muchas veces en la obviedad. Como persona, es amable y afable», le retrata el presidente en funciones, Miguel Sanz (UPN).
Pero Puras es también un hombre analítico. Un antiguo colaborador le recuerda en las reuniones, escuchando en silencio a sus interlocutores. «Es un hombre de silencios y de observar. Interviene en el punto en que debe, lo cual revela que procesa las cosas que escucha». ¿Le ha traicionado precisamente esa capacidad analítica? Puede. «El Gobierno de Navarra se ha convertido en una cuestión no sólo de cabeza sino de sentimientos, de pasión, después de que el PP haya calentado tanto el ambiente con lo de su 'venta'. Y posiblemente Puras ha puesto más sangre fría que intuición y se ha fijado más en Navarra que en España en general».
«Exageradamente equilibrado» hasta el punto de «exasperar a los colegas». Preciso en las formas. Sensible a la hora de elegir sus lecturas. «Posee una gran preparación jurídica, administrativa y política, lo cual no es muy común entre los políticos de hoy en día», subraya un ex colaborador de Puras. Patxi Zabaleta (Aralar) lo considera «más trabajador de la política que impulsor de ideas. Le falta audacia y corre el riesgo de confundir rigor con rigidez».
En ocasiones, el propio interesado parece alimentar tal impresión. Un internauta le preguntó, en el chat de un diario, qué objeto querido o importante salvaría de su casa en llamas, después de poner a su familia a salvo. Puras respondió: « Lo siento, pero no soy nada dado a jugar a los acertijos».








