
Con todo, la gran afluencia de aficionados obligó a los responsables del coso de Martín Agüero a adelantar la apertura de las taquillas y a tomar una serie de medidas extraordinarias. Los empleados de la plaza acudieron a trabajar al filo de las ocho de la mañana, cuando su jornada laboral comienza a las nueve y media. Lo mismo ocurrió con las taquillas. En principio, estaba previsto que se abriesen a las 10.30 horas, pero finalmente lo hicieron a las 8.30.
La anécdota de la jornada la protagonizó una trabajadora de Vista Alegre, que se dedicó a repartir chubasqueros entre los aficionados que esperaban bajo la lluvia su turno para comprar una entrada. De hecho, en algunos casos la espera para hacerse con los codiciados billetes se prolongó hasta dos horas y no todos los que se acercaron a la plaza se habían pertrechado contra la lluvia.










