Los tres protagonistas de esta verídica historia fueron dos hombres y una mujer y podríamos catalogarlos en el apartado de los gorrones discretos e incluso honrados, a juzgar por el gasto que hicieron en una taberna de la calle Ronda y la forma que utilizaron para compensar al dueño por su falta de liquidez. Aunque es posible (teoría personal) que este sistema de compensación se debiera, mas que a honradez, a los argumentos expuestos por el dueño del establecimiento, como parece deducirse de la noticia que se publicó el 16 de febrero de 1884.
La noticia en cuestión decía así: «En un establecimiento de la calle de la Ronda, penetraron anteanoche dos individuos y una individua. Después de haber hecho un gasto de 24 reales, resultó que no tenían dinero para pagar, por lo que los individuos dejaron en prenda las blusas y las boinas y la individua fue conducida a la Galera». (La Galera era una especie de cárcel preventiva).
Un gasto de 24 reales equivalía a seis pesetas, que divididas entre tres daba como resultado un menú de dos pesetas, que no podía calificarse de pantagruélico. Y yo supongo que el dueño de la taberna poseía medidas suficientemente coercitivas para exigir al pago en especie, de donde se deduce que los individuos se avinieran a entregar las blusas y las boinas (prendas usuales en aquellos tiempos) para poder marchar tranquilos.
El problema se planteó con la comensala, porque la señora no llevaba al parecer más prenda exterior que el vestido y, como no era cosa de irse a la calle en paños menores, tuvo que resignarse a esperar al guardia municipal y terminar durmiendo en la casa-galera.










