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Siempre en marcha
Es de Barakaldo, vive en Ciudad Real y todos los veranos viene con la familia a Sopelana a disfrutar «la variedad»
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Siempre en marcha
A pocos metros de la orilla de Arrietara, otea el horizonte. De un lado a otro, como si lo estuviera midiendo palmo a palmo. Lleva más de un mes en Sopelana y tiene metido el ritmo de las olas en el cuerpo. Va de aquí para allá, vuelve y no para, con una energía inagotable. Llueva o truene, no permanece quieta. «Me encuentro a gusto en casa, pero necesito moverme, no lo puedo evitar», confiesa María Inés Fuentes, con las gafas de sol caladas y la mochila a la espalda. Desde hace 30 años, disfruta del verano en el apartamento que compró su padre cerca de la estación de Larrabasterra, «porque veníamos de Barakaldo en mayo, cuando él todavía trabajaba, y como no sabía conducir...».

Sonríe y se pasa la mano por el pelo. Es toda una vida, llena de recuerdos familiares, paseos por la playa y excursiones de bocadillo y cantimplora. María Inés tiene 52 años y muy buena memoria. Por unos instantes, calla y el estruendo de las olas parece bajar de volumen. Hasta que rompe el silencio para asegurar con entusiasmo: «¿Siempre ha habido tanto que ver por aquí...!». Entre Getxo y Gorliz, María Inés podría orientarse con los ojos cerrados y a paso ligero. Y nunca va sola: la acompañan su marido, Jesús, gran aficionado al 'jogging' y su hija Aroa, que tiene 15 años y es un ciclón que lo mismo aprende a surfear, que monta a caballo, patina, toca el violín o practica ballet.

Bríos no les faltan para dejar atrás la localidad manchega de Valdepeñas, donde residen el resto del año. Jesús es de Daimiel y sufre una pasión incurable por el Cantábrico que le ha contagiado María Inés. Como psicólogo, tiene muy claro que esta debilidad le da alas. No hay más que verle correr a la orilla del mar sin perder el aliento. Conoció a su mujer en Bulgaria, en las vacaciones de 1989, y desde entonces su vida se ha convertido en un continuo trote. «Nos encanta viajar, descubrir sitios nuevos... La última vez, por ejemplo, estuvimos en Praga y fue estupendo», cuenta María Inés, mientras sigue los progresos de su hija sobre la tabla de surf.

Tras los pasos de Josetxo

Ni el sirimiri ni los escasos 17 grados de temperatura les hacen retroceder. «Aquí esto es normal, y nos gusta. Nos tiramos dos meses y medio y la variedad se agradece. Así podemos programar distintas actividades. Nos vamos a Butrón, a patinar a Bilbao o...». Y se le iluminan los ojos, con la misma chispa que tenía su padre, un hombre que no sabía quedarse en punto muerto. En cuanto disponía de un día libre, Josetxo se iba con los hijos en autobús hasta Santurtzi, para luego llegar andando a Zierbena. O si no, emprendían la marcha hacia Artxanda desde el propio Barakaldo... Han pasado muchos años y ella se mantiene fiel a esos recuerdos. En camino, a buen ritmo y con la familia.
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