
«La espeleóloga salió del pozo a las 5.38 horas. Según el primer informe médico, está en buen estado». El comandante de los Bomberos de Pau Dominique Le Sénéchal anunciaba así que Annette, por fin, se encontraba a salvo. Era el punto final de una operación de rescate que se prolongó durante más de dos días y que movilizó a cerca de un centenar de efectivos, entre miembros de la Guardia Civil, la Gendarmería y Bomberos galos, y voluntarios de la Federación Francesa de Espeleología.
Según informó el coronel de la Guardia Civil Benito Salcedo, el salvamento de Annette «ha sido el más importante y complicado practicado en los últimos años en España» por la orografía del terreno, el número de efectivos que intervinieron y la profundidad y longitud de las cavidades.
La belga, de 49 años, quedó atrapada el sábado a unos 600 metros de profundidad en el laberinto de galerías subterráneas del Pirineo navarro, en el Sistema Añelarra, tras caerle encima una piedra que le destrozó el pie. Llevaba, junto a cuatro compañeros, desde el jueves explorando unas cavidades que, tras diez años de exploración, conoce como la palma de su mano.
Sus compañeros enseguida constataron que Annette era incapaz de alcanzar la boca de la sima por su propio pie. Decidieron dividirse: dos se quedaron con ella, y los otros dos salieron al exterior a pedir ayuda. Según informó la Guardia Civil, tardaron casi 24 horas en alcanzar la salida. Desde allí y con ayuda de sus teléfonos móviles, pudieron contactar en la tarde del domingo con el servicio de emergencias. Las autoridades se movilizaron de inmediato. Los miembros de la Asociación de Espeleólogos de Socorro de Francia fueron los primeros en llegar hasta donde se encontraba ella, sobre la una de la madrugada del martes. Le facilitaron calmantes y la estabilizaron.
Tras unas horas de descanso, llegó el momento más duro para Annette. Herida y cansada, en el primer accidente que sufre en su 'carrera', caminó casi tres horas hasta alcanzar una zona accesible para la camilla. Una vez allí, el equipo de rescate cargó con ella. Según informó el coordinador de los voluntarios franceses, Pierre Henri Fontespis-Loste, la espeleóloga «lo pasó muy mal», aunque en todo momento se mostró entera. La Guardia Civil llegó hasta la belga el lunes, sobre las diez de la mañana. Emprendieron entonces el camino de vuelta, un tramo de 4,5 kilómetros con cierta pendiente que desemboca en la sima AN-51, a 400 metros de profundidad.
El tramo más difícil
Fue en ese último tramo, a unos 150 metros de la superficie, donde surgieron los problemas. La operación se dilató casi seis horas más de lo esperado, ya que las paredes de la sima eran demasiado estrechas para que pasara la camilla donde iba Annette.
Los efectivos de rescate decidieron entonces detonar pequeñas cargas de explosivo para abrirse camino. «Hemos tenido que volar un punto estrecho para poder pasar», informó el capitán de la Guardia Civil Óscar Esteban nada más terminar el rescate. Además, destacó «la coordinación entre las autoridades francesas y españolas». Gracias a ella, añadió, la espeleóloga belga abandonó la prisión donde había permanecido atrapada.








