
Ésta es la crónica del cataclismo submarino más espectacular que se conoce en la historia geológica de los fondos oceánicos, que está dominada por episodios de grandes catástrofes naturales. Para los científicos, los márgenes polares de Noruega y las islas Svalbard son el ejemplo típico para estudiar el fenómeno de los grandes deslizamientos submarinos. «Aquí se ha creado una escuela de estudio de los márgenes continentales», comenta Ángelo Camerlenghi, geólogo del GRC Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona y jefe científico de la expedición SVAIS del Año Polar Internacional que financia el Ministerio de Educación y Ciencia.
Los expertos de SVAIS están en plena campaña de investigación de la topografía submarina y el cambio climático natural en los fondos marinos del sudoeste de las islas Svalbard (Noruega), desde hace unos 3 millones de años hasta la desglaciación más reciente, entre 20.000 y 10.000 años.
Un bulldozer marino
¿Cómo se originan estos grandes cataclismos en el fondo oceánico? «Los grandes deslizamientos marinos están ligados a los cambios climáticos naturales. En áreas subpolares, el principal factor de riesgo es la alternancia de sedimentos de épocas glaciales e interglaciales en los taludes continentales», comenta Camerlenghi desde el buque oceanográfico 'Hespérides', de la Armada española. «Para que una gran masa de sedimento se deslice por una pendiente submarina tienen que coincidir muchos procesos geológicos y climáticos. El sedimento tiene que volverse frágil por la acumulación de agua y gas en sus poros. Miles de años después, en épocas más frías, los glaciares actúan como bulldozers, empujando hasta la pendiente las grandes masas de sedimento fino de la época interglaciar. El sedimento acaba deslizándose hacia las profundidades abisales cuando entran en acción otros factores, como terremotos. Y esto podría producir tsunamis. Un 10% de los tsunamis de los que se tiene constatación histórica se han producido por este fenómeno».
La energía del futuro
Desde hace tiempo, existe otro factor que se relaciona cada vez más con la inestabilidad de los fondos oceánicos: los hidratos de gas, unas trampas cristalinas de moléculas de agua que atrapan gases como el metano en su interior. Los hidratos de gas parecen fragmentos de hielo gris que se inflaman en contacto con la llama. Se encuentran entre los sedimentos de la mayoría de suelos oceánicos y en los fríos territorios del permafrost (zonas de tierra helada).
Podrían ser la gran reserva energética del planeta y se detectan por una anomalía -un 'eco doble' o BSR (Bottom Simulating Reflector)- en los perfiles sísmicos. Pero estas jaulas cristalinas de metano son una amenaza para la calma de los fondos oceánicos: cuando se disocian por cambios de presión y temperatura -como pasó después del último máximo glacial, hace 15.000 años- liberan grandes cantidades de gas al medio. Los taludes y márgenes continentales pierden firmeza y se desencadenan los deslizamientos gigantes de tierra en profundidad como el de Storegga. En la atmósfera, el escape de metano -un gas con un poderoso efecto invernadero- puede llegar a acelerar el proceso de calentamiento global que sufre el planeta.
Los gases hidratados son un puente entre los procesos climáticos globales y la historia geológica de la Tierra. «Según una hipótesis -comenta el geólogo Roger Urgelés-, el calentamiento de las masas de agua marina al final del último período glacial provocó la disociación de grandes volúmenes de hidratos de gas, originando grandes deslizamientos en el fondo del mar, que pueden dar lugar a tsunamis, y liberando grandes cantidades de gases a la atmósfera que pueden acelerar el calentamiento global del planeta».
Para los científicos, es evidente que los hidratos de gas tienen un papel fundamental en los procesos geológicos en los fondos marinos «y por eso es necesario investigarlos», comenta Camerlenghi a bordo del 'Hespérides'.







